Una parte de la historia de Monzón se va con el cierre de Ferretería Nadal

El día 31 de julio es la fecha en la que Ferretería Nadal, con cien años de actividad, tras una liquidación de sus existencias, cerrará oficialmente. Con ella se va una parte de la historia de Monzón, según explicaba Juan Nadal, tercera generación de un negocio que comenzó su abuelo Marcelino en los años 20 del pasado siglo. La muerte prematura del impulsor de la empresa hace que no se pueda establecer año exacto de su apertura.

Nadal define a su abuelo como lo que llamaríamos un emprendedor, alguien que tuvo la visión en esos años que Monzón necesitaba una ferretería. Aunque oficialmente se habla en la historia de Nadal de tres generaciones, hubo una regencia con la familia Laguna y su tía Pilar, mientras su padre José María terminaba su formación.

Los Nadal provenían del mundo de la farmacia, pero su abuelo fue el que emprendió el negocio, que ha perdurado a lo largo de estos cien años, convirtiéndose en lugar de encuentro y referencia para Monzón y comarca. Su ubicación estratégica en la Plaza Mayor es el segundo edificio más importante, tras el Ayuntamiento.

Juan Nadal comentaba que la historia se puede dividir en dos partes los primeros cien años y las últimas tres semanas desde que anunció la liquidación, que cogió por sorpresa a propios y extraños. Desde ese día la tienda se ha llenado de personas que buscan los productos que se ofertan, pero que también quieren compartir y recordar los momentos vividos en la ferretería. Nadal lo explicaba como si todos quisieran llevarse un trozo de la tienda, de su historia.

El negocio ha cambiado mucho desde que se abriera y se ha llegado a vender de todo prácticamente desde electrodomésticos a plazos, material fotográfico, de caza y pesca, cristales, juguetes, menaje, etc. Nadal lo resumía diciendo que era como “El Corte Inglés de Monzón”.

La actividad ha cambiado mucho, aunque en apariencia el establecimiento mantiene su estructura desde su apertura con sus inconfundibles muebles y mostradores, se ha pasado de tener muchos productos físicos a tener más de 30.000 referencias con la cadena Cofac.

Obviamente, ahora la faena diaria absorbe a Juan Nadal que no le da tiempo a pensar, aunque sí que va acumulando recuerdos, que aflorarán tras su cierre.

Por supuesto, Nadal tenía palabras de agradecimiento a todos los que han formado la familia de la ferretería en estos años atendiendo al público o en la sombra de la gestión.

Aunque no le ha dado tiempo a pensar que va a ser del local, espera que alguien lo coja y lo abra, ya que sería un golpe para la plaza su cierre. Él no dejará de venir a Monzón, ya que cómo dice una manera socarrona “soy más de Monzón que el Castillo”.

Como colofón, no puede terminar sin un mensaje para los comerciantes de la ciudad de los que ha sido su presidente en los últimos años, a los que les pide que se asocien.

Sin duda, cien años de un negocio dan para mucho, quizá para un libro, pero eso será para más adelante, si así se estima, porque material hay mucho.

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