El salto de Bierge, abarrotado en un domingo con más de mil bañistas

bus Bierge

Ocho autobuses de viaje programado desde Cataluña y cientos de vehículos particulares llegaban este domingo al salto de Bierge. Una "escapada de verano" que pone de nuevo sobre la mesa la polémica de este enclave natural, donde la historia se vuelve a repetir: el público satura cada rincón de la zona, con los problemas de seguridad y de higiene que conlleva.

Los vecinos de la zona lo consideran una "masificación", hasta tal punto que "parece una playa". Grupos de gente instalan sombrillas, tiendas de campaña con música por todo lo alto; se bañan con hinchables, y hasta establecen un punto de venta ambulante de bocadillos y bebidas en pleno cauce de este salto. 

No es algo nuevo. Esta imagen se ha repetido los últimos veranos en los meses de julio y agosto. El gran problema es palpable al terminar el día, cuando no quedan bañistas, pero sí sus restos: kilos y kilos de basura abandonados en plena naturaleza. 

El Ayuntamiento de Bierge instalaba este año cartelería para disuadir a los bañistas; una medida sin éxito como se constataba este fin de semana. Ante la llegada de ocho autobuses, el alcalde, Fernando Campo, anunciaba que el próximo año llevarán a cabo medidas de mayor enjundia.

Incluso aventuraba la posibilidad de declarar este entorno como una zona con prohibición de baño en la normativa del Parque Natural de Guara. Se trata de una medida que desde el Patronato de este espacio protegido estudiarán con detenimiento, podría entrañar dificultades legales.

Durante este domingo había un control especial de efectivos de la Guardia Civil para evitar malas prácticas y regular el tráfico incesante de vehículos, que seguían llegando al Parquin a pesar de estar completo; un símil, al fin y al cabo, de lo que ocurría en el agua de la poza.

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