Cierre San Lorenzo. Punto

Un año más, ha quedado claro que las fiestas de San Lorenzo son los propios oscenses. El ADN de la fiesta sigue vivo. Danzantes, parrilla, cohete, homenajes mantienen su fuerza. Seguro que cada oscense y visitante tiene una opinión distinta.

El debate del ruido en el centro- que lo hay-, si hay que votar el lanzador del cohete o no, si esta bien cobrar tres euros por entrar a recinto de peñas, si hay toldos o no en Ramón y Cajal, si se suben mucho los precios en la hosteleria, si los concejales entran con banda o sin banda a la misa, si hay que ir por Decreto a un acto o no, con mayor o menor calidad en el programa de actos, con crisis o dejándola atrás, ...la gente sale a la calle a divertirse y realiza un alto en el tortuoso camino para intentar divertirse, cada uno, en la medida de sus posibilidades.

La competencia es muy fuerte y muchas localidades de Aragón y España, como hemos dicho otras veces, no “paran”. Huesca, con sus fiestas declaradas de interés turístico nacional, mantiene el “tipo”.

Sin embargo, no debía descuidar la inversión para no perder fuerza en la amplia oferta que da el verano español. Las fiestas pueden mejorar y de eso se trata. Son una inversión que devuelve a la ciudad mucho dinero.

El dialogo y el debate de la actual realidad social es bueno y permite mejorar, abrir nuevas puertas y tener otras visiones. Son un movimiento social que abarca muchos campos, económico, cultural, deportivo, religioso...de tradiciones. En eso hay que ponerse a trabajar con hechos de cara al futuro. Peñas, barrios, empresarios, clubes deportivos, promotores musicales-culturales y todos los agentes que intervienen en la fiesta deben estar presentes.

2016 nos deja unas fiestas con una nota correcta en general. Como todo en la vida, hay letra pequeña que cada uno la vive de forma diferente.

La Fiesta, como dijo el alcalde ya el año pasado, es memoria colectiva, tradición, y patrimonio de todos los oscenses. Sin exclusiones, sin divisiones.

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