Son montañas, no desniveles

El pasado sábado 27 de agosto fui al Balneario de Panticosa para subir al pico Garmo Negro. Hacia unos 25 años que no realizaba esa ascensión y conducía por el valle de Tena rememorando la primera vez, la belleza especial del Balneario, la dura subida al pico, los paisajes de alta montaña.

A mi llegada me topé con la salida de una de las dos carreras de montaña que ese día tenían lugar allí. Tras algunos minutos de espera, acompañada por una megafonía a todo volumen en la salida de la carrera, me dirigí a aparcar mi vehículo. La cosa no fue fácil, pues prácticamente no cabían más coches y auto-caravanas en el lugar. Mis expectativas para ese día se ensombrecieron un poco, pues no era ese el Balneario que recordaba. Aun así, me calcé las botas, me eché la mochila a la espalda y comencé a caminar.

El motivo de esta carta no es sentimental sino de denuncia de lo que me encontré en la subida: una ladera con serios problemas de erosión visibles en múltiples socavones y cárcavas, que en algún caso superaban de largo el metro de profundidad (ver foto adjunta). El motivo era claro, los atajos que algunos senderistas y corredores toman para salvar el trazado en S propio de los caminos con fuerte pendiente. Tuve ocasión de ver como muchos “runners” durante su precipitado descenso se salían del camino y tomaban estos atajos en su afán por arañar segundos al cronómetro.

Todo el mundo que se acerca a la montaña tiene derecho a disfrutarla, y para ello es necesario conocerla un poco y sobre todo respetarla. Las montañas no son pendientes o desniveles, sino ecosistemas frágiles que suministran múltiples servicios ambientales, económicos y culturales a la sociedad.

Alberto Bernués

Zaragoza

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