La celebración del Tota Pulchra, protagonista en la víspera de la Inmaculada Concepción

La Catedral de Huesca acogía este miércoles, víspera del día de la Inmaculada Concepción, la celebración del Tota Pulchra, una tradición que data del siglo XV. Se trata de un acto litúrgico musical que estaba interpretado por el Coro de la Catedral y orquesta. Hace ya dos años que esta celebración, que toma el nombre del canto “Tota Pulchra es, María”, está considerada como Bien de Interés Cultural Inmaterial, según la declaración aprobada el 22 de julio de 2014 por el Gobierno de Aragón.

El Cabildo catedralicio y el Instituto de Enseñanza Secundaria Ramón y Cajal de Huesca, heredero de la Universidad Sertoriana desde la desaparición de esta en 1845, eran los encargados de organizar este acto. Previo a la celebración religioso-musical se realizaba una procesión que iba del Colegio Santiago a la Catedral. En ella participaban el claustro de profesores, actual y antiguo del Instituto, y el cabildo catedral. Portaban la maza, una bandeja con los estatutos de la Universidad Sertoriana y la vara de autoridad, por parte del responsable del instituto. En el acto, con la banda de concejal, también estaban presentes los ediles del Partido Popular en el ayuntamiento de Huesca.

El Tota Pulchra es el oficio de vigilia de la Inmaculada Concepción de María. La liturgia se enriquece con la interpretación, por parte de un coro y una orquesta integrados por miembros de diferentes formaciones de la ciudad, de cinco piezas musicales: el “Ave Maris Stella”; el salmo 97 “Cantad al señor un cántico nuevo”, de José M.ª de Aso, maestro de Capilla de la Catedral de Huesca; la antífona “Tota Pulchra es, María”; el canto gregoriano “Salve Regina Solemne”; y “El Magnificat”.

Origen de esta celebración:

El año 1651 fue especialmente dramático para la ciudad de Huesca. Una contagiosa epidemia de peste asoló a la población dejando un gran número de víctimas mortales. En octubre de ese año las tres instituciones más importantes de la ciudad: Concejo, Universidad y Cabildo catedral, entre otras medidas, decidieron renovar su voto a la Inmaculada Concepción. Lo que significaba mantener la promesa de defensa y devoción a un dogma de fe que todavía la iglesia oficial no había aprobado: el hecho de que la Virgen María había sido concebida, ya en el vientre de su madre, sin la mancha del pecado original y por tanto era el único ser humano libre del mismo. Este planteamiento fue lo que se llamó "la causa inmaculista" defendida y promovida por muchas ciudades españolas y amparada especialmente por la monarquía española bajo la dinastía de los Austria, teniendo en cuenta el profundo arraigo del fenómeno religioso en la sociedad de la época.

Tras el cese de la epidemia a principios de diciembre de ese mismo año, las tres instituciones citadas, en agradecimiento, comienzan juntas una tradición que, al parecer, se ha venido celebrando de manera ininterrumpida desde entonces. Se trata del rezo del oficio de Vìsperas de la fiesta de la Inmaculada y en concreto del canto de varios salmos y antífonas entre ellos el llamado "Tota Pulchra" (Toda Hermosa) que le da nombre al acto litúrgico.

Este oficio se celebraba en un principio en el convento de San Francisco de la ciudad, pero tras la desaparición del mismo con las leyes de exclaustración del siglo XIX pasó a celebrarse en la Catedral de Huesca.

Al desaparecer igualmente la Universidad de Huesca o sertoriana en el siglo XIX, sus enseres materiales e inmateriales fueron heredados por el recién creado Instituto de Segunda Enseñanza de Huesca, posteriormente Instituto Ramón y Cajal cuyos miembros, junto con parte del concejo municipal siguen acudiendo anualmente a la catedral para unirse al cabildo en este solemne y singular acto cultural y religioso que se caracteriza por el consenso institucional y popular de la comunidad que lo celebra y por el profundo arraigo en la memoria histórica colectiva de la ciudad de Huesca.

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