Cinco días en invierno en la Ribagorza

Quienes estos días hayan elegido la Ribagorza para pasar la Navidad, el final de Año o esperar la llegada de los Reyes Magos, van a poder disfrutar no sólo de la nieve, también de la cultura, o de la gastronomía para llevarse un buen recuerdo del sabor de la comarca.

La adrenalina y velocidad se puede encontrar en la estación de esquí de Cerler

Que afronta la Navidad con todo su dominio abierto y con el mejor parte de nieve desde hace siete años.

Otra forma de disfrutar de la nieve es en los Llanos del Hospital, en la cabecera del valle, con las pista de esquí nórdico o de fondo, o laderas en las que adentrarse con raquetas.

Pero el valle de Benasque no sólo es nieve, también es cultura, con un casco histórico con calles de pueblo de montaña y con elementos tan destacados como la iglesia de Santa María, la torre Juste, cas Faure o el palacio de los Condes de Ribagorza. Eriste, el Santuario de Guayente, Sahún, la ruta de los pueblos del Solano, las iglesias románicas de VIllanova o Chía, en la cabecera de la sierra, merecen también dedicarles tiempo y atención.

Los contrastes los encontramos en la parte sur de la Ribagorza que conserva un patrimonio cultural único.

En La Puebla de Castro es visita obligada la iglesia parroquial y su magnífico retablo gótico, y el yacimiento de Labitolosa. En este rincón de la Ribagorza, son indispensables también las visitas al santuario de Torreciudad y al templo budista de Panillo.

Y no hay que dejar la Ribagorza sin adquirir un producto gastronómico que nos recuerde el sabor de esta tierra, un queso, aceite de oliva, embutidos o trufa, además de, en estas fechas, turrones y mazapanes, florentinas y trenzados.

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