Tres familias de refugiados sirios y palestinos llegan a Huesca desde los campos de Grecia

refugiados aeropuerto

Trece personas de las 198 que aterrizaron ayer en Madrid vivirán en dos pisos del centro de la capital oscense. La mayoría son niños de entre cinco meses y 13 años

Dos familias de refugiados sirios y otra de palestinos tenían previsto llegar anoche a Huesca desde los campos de refugiados de Grecia y tras aterrizar en Madrid sobre las 14.00, con más de una hora de retraso. Son trece personas del grupo de 198 demandantes de asilo que llegaron ayer al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid- Barajas y que se asentarán en quince provincias. Forman parte de las 500 plazas que España ofreció en octubre a Grecia e Italia para cumplir sus compromisos de reubicación con la Comisión Europea, y es la mayor recepción desde que el Gobierno se comprometió a acoger a 18.000 personas segun informa Heraldo de Aragón.

Las tres familias (un matrimonio con una niña de cinco meses, una pareja con cinco hijos de entre uno y trece años, y otra familia procedente de Palestina formada por una madre, su hijo y una sobrina) tenían previsto pasar la noche en dos pisos ubicados en el centro de la capital oscense gestionados por la fundación Apip-Acam, una de las organizaciones encargadas de la acogida a los refugiados en Aragón, junto con Cruz Roja, Accem o Cepaim. Aunque ayer todavía se desconocía cuál ha sido su situación en los últimos meses, desde Apip-Acam destacaron el cansancio que tenían los trece refugiados tras una etapa muy complicada, en la que han tenido que huir de la guerra civil en Siria.

"Lo primordial es que descansen y se relajen después de vivir una situación tan difícil", manifestó Patricia Urzola, directora de la fundación Apip-Acam, que tiene previsto desplazarse hoy a la capital oscense para recibirles. "Lo más urgente es tramitar la tarjeta sanitaria, los papeleos con la Policía y la escolarización de los niños para que se incorporen cuanto antes al colegio en cuanto comience el segundo trimestre", explicó. No en vano, la mayoría de los refugiados que llegan a Huesca son niños. Dos de ellos son menores de 3 años, seis tienen entre 4 y 17 años, y la mayoría de los adultos ronda la treintena. La madre de la familia monoparental tiene 55 años. En total, siete mujeres y seis hombres buscan aquí una nueva vida.

Cuando finalicen los primeros trámites, la propia fundación les ofreceráclases de español, cursos de formación y atención personalizada."Además de los pisos, en Huesca tenemos un local en el que se ofrecerá formación a los refugiados y se les dará atención psicológica. Todo el equipo, con un traductor de árabe, psicólogo, abogada y trabajadores sociales ya está en marcha", dijo Urzola.

Inserción en la provincia

La primera fase de adaptación se prolongará entre seis y nueve meses. A partir de entonces, los programas de acogida prevén que los demandantes de asilo ya sean más independientes. Para esta segunda fase podrían quedarse en Huesca o ser reubicados en algún pueblo de la provincia, y podrán seguir en los pisos alquilados por la fundación o buscar por sí mismos un alojamiento cuando tengan trabajo. "Queremos potenciar la inserción sociolaboral en Huesca provincia y, a no ser que haya una oferta de trabajo en Zaragoza, intentaremos que se queden por aquí", manifestó la directora de Apip-Acam. "La dignidad empieza por el trabajo", dijo, así que tras aprender el idioma ese será el siguiente reto. 

Por otro lado, la fundación Apip-Acam ha contratado a una empresa de ingeniería para legalizar la situación de la granja que poseen a 3 kilómetros de la capital, en la carretera de Sariñena. El Ayuntamiento de Huesca les denegó los permisos cuando intentaron acoger a otro grupo de refugiados en septiembre, y no utilizarán estas instalaciones hasta contar con su visto bueno. "Todavía tenemos hueco en los pisos, pero si vinieran más personas alquilaríamos otros", afirmó. Aun así, expresó, les gustaría que "se solucionara el problema del abastecimiento de agua" por el que se les denegó el permiso. Siguen trabajando para potabilizarla o conseguir el enganche a la red general, porque, sostienen, "es un espacio muy tranquilo en el que la adaptación sería mejor para ellos".

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