Una nana en cheso en la nueva película de Agustí Villaronga

ENRIQUE VICIÉN MAÑÉ.- Al poco tiempo de establecerme en Barcelona empecé a escuchar el nombre de Joan Sales, un editor fundamental para la literatura catalana. Fue también escritor y se pasó media vida levantando (y reformando) una novela que arrancaba de la guerra civil y llegaba hasta la década de 1960. Se titula “Incerta glòria” y aparece invariablemente en el canon de obras en catalán del siglo XX.

No es “otra maldita novela sobre la guerra civil”, es un libro complejo, que se puede decir que agrupa otras cuatro novelas, escritas en registros bien distintos, que se desarrollan en Barcelona, en Aragón, en el frente y en la retaguardia, en el fragor de los tiroteos y en la rabia de los que fueron derrotados en varias ocasiones.

No hace muchos años se publicó la que está considerada edición definitiva de esta historia, que toma el título de un verso de Shakespeare (“la incierta gloria de un día de abril”, en alusión a todo lo que conllevó la II República). La edición en castellano de “Incierta gloria” es de Planeta (2005). Más recientes son la versión definitiva en catalán y la traducción al inglés, donde fue recibida como “una obra maestra que retrata las ilusiones perdidas de unos jóvenes que, con la guerra, perdieron también la inocencia y los ideales”.

Con un poco de suerte, “Incerta glòria” se pondrá de moda durante las próximas semanas. Se estrena ahora una película basada en ella, que se ha rodado en buena parte en Aragón y que cuenta en el reparto con la aragonesa Luisa Gavasa (entre otros artistas de la tierra). Dicen que ya es una de las grandes películas sobre la guerra. La dirige Agustí Villaronga, que fue aplaudido por la crítica, saludado con un notable éxito de público y galardonado con numerosos premios por su anterior film: “Pa negre”.

Esos paisajes del Aragón seco, tan consustanciales a la novela, aparecerán en la gran pantalla mecidos por las notas de una canción que hemos escuchado miles de veces en el Pirineo. Una delicada voz femenina desgrana los versos de Victoria Nicolás mientras suena la música de José Lera, y el espectador queda embrujado por el hechizo de la nana “Soniando”, esa elegía por la muerte de un ser querido que estremece por su belleza al tiempo que intenta hacer más llevadera tan dolorosa pérdida.

Cheso, castellano y catalán se alternan en esta obra tan compleja y rica en matices como la propia existencia.

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