El “Vaslav Nijinsky” cierra con éxito y más de 1.200 bailarines por el escenario de Huesca

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El certamen de Ballet que lleva el nombre del que está considerado como el “dios de la danza”, el ruso Vaslav Nijinsky, cierra esta cuarta edición por la que han pasado más de 1.200 jóvenes bailarines. En esta edición y ante la gran demanda que hubo, tuvo que repartirse en dos fines de semana en marzo y abril lo que, además, ha servido para subir el nivel de las coreografías. Este fin de semana la capital oscense ha notado la presencia de participantes y acompañantes.

El concurso está dirigido a jóvenes bailarines en categorías individuales, dúos y grupos de los diferentes estilos. La primera convocatoria fue en el primer fin de semana de marzo para clásico, neoclásico y español. En esta segunda los participantes han tenido que bailar :contemporáneo, moderno-jazz, danza urbana y lo más nuevo, el “Tap”. Susana Ara es la directora del certamen y del exitoso Joven Ballet del Pirineo que está cosechando tantos éxitos porque, asegura Ara, el nivel de la cantera es muy bueno

Tres bailarines del Joven Ballet del Pirineo con sede en Jaca, donde nació la Academia de Danza de Susana Ara, se encuentran en estos momentos en Nueva York, acompañados por la profesora Alba Puértolas , para participar en un concurso, tras conseguir seleccionarse en París.

Una de las fortalezas de esta agrupación jacetana, es la de contar no solo con un alto nivel sino con tener entre sus filas a varones que complementan la formación.

¿QUIÉN ERA VASLAV NIJINSKY?

Nijinsky fue uno de los más dotados bailarines en la historia, y se hizo célebre por su virtuosismo y por la profundidad e intensidad de sus caracterizaciones. Podía realizar las “puntas” una rara habilidad entre los bailarines de su tiempo y su habilidad para realizar saltos que parecían desafiar la gravedad fue también legendaria.

Vaslav Nijinsky, el «Dios de la danza», nunca fue entendido por su esposa y madre de su hija, Romola Polski, que amó no a la persona sino a la celebridad.

El coreógrafo era emocionalmente voluble, silencioso, excéntrico y narcisista. Padeció venganzas de amantes despechados, como Diaghilev, y como Garland y sus mentores usaron su cuerpo y su arte.

En 1945 escapó del hospital y encontró a soldados rusos que lo reconocieron y abrazaron. Comió y cantó con ellos en su lengua materna. Renació a los cincuenta y seis años. Murió de un fallo renal.

La enfermedad mental se presentó cuatro años después del estreno en París de «La consagración de la primavera», de Stravinski, que fue silbada.

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