Els paps y la Semana Santa

Una desaparecida forma tradicional de celebrar la Semana Santa en Benasque era la vela al Santísimo Sacramento. Vinrá el papo y se t’en llevara (vendrá el el coco y se te llevará), es una frase que han escuchado una infinidad de niños y niñas benasqueses a lo largo del tiempo, amenaza que podía conseguir su objetivo o no, el caso es que elspaps, els papos eran algo real, que todos podían ver una vez al año en Semana Santa.

Velar el “Monumento”, que representa el sepulcro de Jesucristo, el día de Jueves Santo, fue un ritual de religiosidad popular (hoy perdido y olvidado). Para realizarlo un grupo de hombres armados con lanzas, peculiares y originales, se colocaban en fila y en paralelo, en guardia alrededor del “Monumento”, vestidos con túnicas negras y cubiertos con una especie de gorro que les cubría completamente la cabeza y el rostro.

Las lanzas estaban compuestas por una larga asta de madera de avellano de unos dos metros de longitud en total. El fuste poseía dos o tres pequeñas piezas de madera que atravesaban el palo, y que tenían por objeto apoyar la mano, durante la vela.

Estaba rematada por una pieza de hierro forjado acabada en punta roma, ni puntiaguda ni cortante, en el centro de la hoja una cruz y a su alrededor una filigrana rústica también de forja, que envolvía y adornaba la hoja. La parte final de la misma estaba rematada por una funda de hierro que protegía la parte final del palo y le dotaba de una mayor sonoridad cuando era golpeada contra el suelo.

Els paps, una vez colocados en sus puestos permanecían inmóviles y se iban turnando cada cuarto de cuarto de hora, transcurridos ese lapso de tiempo, el encargado o prior daba un golpe contra las losas del suelo, que era inmediatamente respondido individualmente por orden de colocación. Acabada la vela y ya en Viernes Santo elspaps escoltaban, golpeando el rullau de les carreres, el empedrado de las calles, con sus picas, al Cristo yacente durante el vía crucis.

Se trata de una tradición recogida de fuentes orales y descrita por Ángel Ballarín Cornel.

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