Muere el escultor Alberto Carneiro, autor de una de las esculturas del CDAN de Huesca Arte y Naturaleza

belsué cdan

Alberto Carneiro, una de las figuras más destacadas de la escultura portuguesa, ha fallecido a los 79 años de edad tras varios años arrastrando problemas de salud. Carneiro, considerado unos de los grandes renovadores de la escultura portuguesa del siglo XX, participó en el 2006 en el proyecto del CDAN de Huesca Arte y Naturaleza con su escultura “Los árboles florecen en Huesca” instalada en el valle de Belsué y cuyo montaje él mismo supervisó.

Para ubicar su obra, el artista recorrió los Pirineos, el Somontano y la Hoya de Huesca, bosques y desiertos hasta encontrar el lugar para situar la escultura. El territorio elegido por Carneiro para instalar su mandala fue el valle de Belsué, un lugar alejado de cualquier ruta, con unas formaciones geológicas de rica expresividad e infinidad de texturas, tanto minerales como vegetales, plenas de matices cromático.

La obra de Carneiro se definía como “una arquitectura poética, un mandala, en cuanto que se elevan para ofrecer una potente estructura geométrica sin funcionalidad, que sirve para encerrar en su interior una metáfora del árbol, la escultura en bronce que se deja ver parcialmente en el interior de un gran gnomon, un menhir contemporáneo.”

El artista portugués ha combinado su trayectoria de artista con la de docente en el Círculo de Artes Plásticas de la Universidad de Coimbra, en la Escuela de Bellas Artes de Oporto, y en la facultad de Arquitectura de la Universidad de Oporto. Se ha dedicado al estudio de la Psicología profunda, el Zen, el Tantra y el Tao para profundizar en las relaciones de los sentidos, de su cuerpo y de su mente y en la creación de su obra, impartiendo sobre estos temas cursos y conferencias. Expone habitualmente su obra desde 1963, participando en más de 80 exposiciones individuales en Portugal y el extranjero y más de cien colectivas. Su encuentro en 1965 con los libros de Gaston Bachelard sobre la poética de la materia fue fundamental para la reflexión teórica sobre sus procesos de creación.

En 1968 se le concedió el premio Nacional de Escultura. Incansable viajero ha recorrido diversos países de África, Estados Unidos y Asia. En la India, Nepal, China y Japón observa y medita sobre aspectos de las manifestaciones hinduista, tántrica, taoísta y zen, particularmente en las representaciones mandálicas y en las relaciones de la naturaleza con las configuraciones y significado de los jardines. Estos viajes influirán en sus trabajos de los próximos años.

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