Una nueva y excepcional maqueta de la batalla de Waterloo se incorpora al Museo de la Ciudadela de Jaca

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Más de 8.000 piezas, 6.650 soldados, una investigación que ha durado casi 45 años y que han contabilizado en más de 5.800 horas de trabajo de los dos autores. Estas son las cifras de una maqueta, la de la batalla de Waterloo, que ya puede visitarse dentro del Museo de Miniaturas de la Ciudadela de Jaca. Tanto por las cifras como por la meticulosidad en los detalles, el Coronel director del Consorcio, Joaquín Ruiz, hablaba con orgullo de una maqueta única y excepcional sobre un momento que cambió el rumbo de la historia acabando con el Imperio de Napoleón el 18 de junio de 1815.

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Los autores son Raúl Quílez y Alfredo González, que asistían al acto de inauguración junto con responsables del Ejército y del resto de instituciones que gestionan el Consorcio, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Jaca. Ambos autores mostraban su agradecimiento al Consorcio por la acogida y las facilidades para exponer su obra, que estará de forma permanente en la Ciudadela. Cabe en una habitación pero no puede verse de un solo vistazo. Cada rincón está lleno de detalles y estudio previo. Es una representación de la batalla con la que se acabó

La inauguración de esta maqueta, explicaba el Coronel Ruiz, supone también la apertura de un nuevo espacio expositivo para el Museo, que seguirá incorporando figuras.

WATERLOO: LA HISTORIA DE UNA MAQUETA

La historia de la gigantesca maqueta de la Batalla de Waterloo de Raúl Quílez y Alfredo González empezó en 1974 cuando ambos rondaban los 20 años. Lo que en un principio iba a ser una pequeña obra de dos jóvenes aficionados cobró vida propia cuando la casa Airfix sacó a la venta una réplica de la famosa granja Haya Santa, situada en medio del campo de batalla de la campiña belga. “Aquello fue la primera tentación”, reconoce Raúl, un pequeño empresario aficionado desde niño a los soldaditos y las maquetas, que encontró en su amigo Alfredo a su alter ego. “Él es el investigador concienzudo; yo asumo más el papel de artesano entregado”, explica.

Descubrieron en una librería de Madrid el libro Waterloo, de Henri Lachouque, que fue su primera fuente. “Aquel libro nos abrió las puertas a un desarrollo de la maqueta mucho más concienzudo”. Pero su investigación no se detuvo allí. Mucho tiempo después darían con un dato paisajístico clave que resume la profundidad de su trabajo de investigación: “En Bélgica se utilizaba el cultivo de rotación y en Waterloo se alternaban el trigo y el centeno”. Cuando tuvieron la certeza de que en 1815 “tocaba centeno” sustituyeron muchos de los campos amarillos de trigo por los verdes del centeno, que en junio en el norte de Europa aún no ha madurado. Hasta ese punto han llegado.

“Mi obsesión ha sido desde los inicios ser absolutamente fidedigno con los detalles históricos”, explica Alfredo González, un ingeniero técnico dedicado desde siempre al sector de la Informática. “El mayor hallazgo fue conocer el papel fundamental que tuvo en Waterloo el general español Miguel de Álava”. Se sabía o se suponía que había tropas españolas en ambos bandos. Con los franceses probablemente lucharon soldados del Regimiento José Bonaparte, compuesto fundamentalmente de españoles, y entre los aliados seguramente pelearon veteranos de la Guerra de la Independencia. “Pero que Álava, que había luchado codo con codo junto a Wellington en la península y liberado Vitoria, por ejemplo, hubiera tenido un papel tan destacado es algo que en España era muy poco conocido”.

Alfredo descubrió en el libro “Álava en Waterloo”, de Ildefonso Arenas, que el propio Wellington pagó de su bolsillo los trajes de oficiales del Ejército inglés del general español y de su ayudante de campo. “No quería que corrieran riesgos. Tenía confianza absoluta en él y en sus grandes conocimientos militares; además hablaba inglés y francés; y su ayudante hablaba alemán, por lo que podían entenderse con las tropas a su mando”. Wellington eligió el traje de mayor rango entre los ingleses convirtiendo de facto a Álava en el oficial aliado de mayor rango después del general inglés.

1974-1996

Los primeros veinte años de historia de la maqueta fueron muy intensos. La primera exposición fue en 1980 en el Casino Mercantil de Zaragoza. La última, en 1996 en la Agrupación Artística Aragonesa de la capital del Ebro. Para cada exposición se preparaba una maqueta corregida y aumentada. “Cada vez era más laborioso el montaje y perdimos la ilusión por las exposiciones temporales”, dice Raúl. “Recuerdo que declinamos una invitación de Galicia”, añade Alfredo. Estaba todo en cajas, distribuido en tableros que unidos forman el todo. “Y eso que era la mitad de grande que la que se ha instalado en la Ciudadela”. Por eso, durante casi veinte años, el núcleo original de aquella maqueta descansó en un sótano.

2014-2017

Pero entonces entró en escena el Consorcio del Castillo de San Pedro de Jaca y su Museo de Miniaturas Militares. El coronel Benjamín Casanova, su director entonces, y el director del museo, Diego Fernández, contactaron en 2014 con los maquetistas zaragozanos y pusieron la Ciudadela de Jaca a su disposición. “Vimos que podíamos cumplir nuestro sueño; que la maqueta podría estar expuesta de forma permanente y en el mejor sitio posible. Para nosotros es un honor”. Así que se embarcaron en otros tres años de trabajo. Tenía que ser perfecta.

Raúl tiene calculado que han sido entre 1974 y 2017 “tres años de trabajo real, ocho horas diarias; cuarenta horas semanales”. Pero distribuidos a lo largo de casi 45 años. De repente cobraban sentido todas aquellas horas, los viajes a Waterloo, las horas de investigación y lectura no computadas... “Ha sido maravillosa la colaboración de la Ciudadela”, reconocen ambos con “una satisfacción enorme”. No se atreven a decirlo, pero no hay una maqueta comparable de la Batalla de Waterloo; con su rigor, su tamaño, su dinamismo y su escenografía en todo el mundo.

Para entender el trabajo artesano y el dinamismo logrado, baste decir que como las posiciones de cuerpo de los soldados que había en el mercado eran solo media docena y eso le daba un aspecto de escena repetida, fabricaron sus propios moldes para hacerlos en plomo. Troncos y piernas por separado para fundirlos en cientos de combinaciones. “Eso le da una variedad y un realismo que no tienen otras maquetas”.

Para la famosa derrota de Napoleón tras aquellos cien días desde su fuga de la isla de Elba, cada uno pone su propio acento. Raúl considera crucial la postrera entrada en combate de los prusianos, cuando Wellington estaba casi derrotado. Alfredo apunta a una combinación de causas para que los casi 100.000 franceses fueran derrotados por apenas 60.000 aliados: la formación precipitada del Ejército de Napoleón, con muchos realistas en sus filas, su mal equipamiento y peor cohesión; los errores del propio Napoleón...

Lo que está claro es que Waterloo dibujó un mapa de Europa distinto al anterior. Quizá sin aquella batalla la configuración política hoy sería distinta. Algo parecido a lo que ocurre con la amistad entre Raúl y Alfredo: “Sin Waterloo sería distinta, qué duda cabe”.

Algunas cifras de la maqueta

8.063 piezas

6.650 soldados

-3.600 franceses

-3.050 aliados (ingleses, belgas, alemanes, entre otros)

1.285 caballos

71 cañones

57 carros de munición y avantrenes

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