Fonchanina, en La Ventana de Francino

Este viernes, La Ventana de la Cadena Ser se emitía desde Huesca, con motivo del Congreso sobre de Despoblación. En la primera hora, Carles Francino dibujaba el mapa de la ‘España vacía’ con una visita de un minuto a cinco localidades: Adobes (Guadalajara), Cazurra (Zamora), Alia (Caceres), Riotorto (Lugo) y Fonchanina (Montanuy).

Audio sin título
Audio sin título
Audio sin título

El municipio de Montanuy, que apenas supera los 200 habitantes, cuenta con 17 núcleos. Uno de ellos es Fonchanina, ubicado a 1.495 metros de altitud y al que se accede por la carretera de Castanesa. Más allá del pueblo, sólo una pista no permitiría llegar a los pastos del ganado o a la montaña.

En Fonchanina, sólo viven, Rafael Casal, de Casa Rial, y su perra Chira. Desde que murió su padre hace cuatro años, se ha convertido en el único vecino de esta aldea. En verano trabaja en el parque Posets Maladeta, en labores de vigilancia y mantenimiento y, en invierno, se dedica al cuidado del ganado, a cuidar de las vacas y los caballos.

Rafael, que es además la última persona nacida en el pueblo, ha vivido en Fonchanina, prácticamente, toda su vida, sólo se marchó los años que se dedicó a la trashumancia con su rebaño de ovejas.

En verano se levanta a las 6 para ir a trabajar y regresa a las 15 horas. Comer y cenar lo hace en Castanesa, a 2 kilómetros, y el resto del día se dedica a realizar faenas de la casa o del huerto. No se le hacen largas las horas porque dice que ‘si estás a gusto, se pasa rápido’ aunque en invierno, se hace más duro porque anochece antes y además las condiciones climatológicas tampoco ayudan.

Hace medio siglo, en Fonchanina debían de vivir unos 30 vecinos, pero, hoy en día, sólo en verano, las calles del pueblo vuelven a llenarse de vida. Son cinco o seis casas las que vuelven a abrirse durante los meses estivales, es como si fuera un pueblo-residencia, dice Rafael. De hecho, hay varias casas en obras porque ‘arreglar casas las arreglan pero a vivir no viene nadie’, se lamenta este vecino.

Si en algún momento pensó en marcharse de Fonchanina, hoy en día, es algo que ya no le pasa por la cabeza porque se encuentra feliz aunque el futuro lo ve negro, no sólo de su pueblo sino el de otros muchos también porque, dice, que si no se busca una solución en diez años, en los pueblos no vivirá nadie.

Rafael recuerda como uno de los peores momentos el incendio de que en marzo de 2012 quemó 1.600 hectáreas de terreno. ‘Fue duro, muy duro. Ese día pensé que se quemaba todo’.

Hace 50 años decía, recordando el incendio, estaba todo limpio, pero hoy no quedan ovejas y apenas cabras y vacas que hagan de ‘jardineros del monte’.

Vecinos como Rafael, en Fonchanina, y otros muchos en otras tantas aldeas, son los que mantienen los pueblos vivos y los que, cada día, siguen escribiendo las páginas de un diario que ojalá no sea el de una muerte anunciada.

Comentarios