El Aneto, el vigía del Pirineo

Fernando y sus tres hijos, Enric y Eva, Trina y sus amigos o el norteamericano Anton y su novia, son algunas de las personas que, se habían o se han marcado cono reto u objetivo este año ascender hasta la cima del Aneto a 3.404 metros, quizás conociendo, o quizás no, que en este 2017 se cumplen 175 años de la primera ascensión al Aneto. Los cronistas la fechan el 20 de julio del año 1842, por el valle de Coronas, y cuatro días después, el 24 de julio, por la que , hoy en día es, la ruta cflásica y más transitada, la de la cara norte que atraviesa todo el glaciar.

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La primera expedición, en aquel mes de julio de hace 175 años, la formaron el ruso Platon de Tchihatcheff y el francés Albert de Franqueville, investigadores de geología y botánica, a los que acompañaban cuatro guías de Luchon, Jean Sors Argarot, Pierre Sanio, Bernard Arrazau Ursule, y Pierre Redonnet Nate.

Esa primera ascensión se hizo dando toda la vuelta por el macizo Maladeta, entre otras razones, porque los guías habían perdido a un compañero suyo en la rimaya (grieta entre pared y hielo) de Maladeta, y para no pisar el glaciar evitaron toda la cara norte. Fueron, según escritos, de aquel momento, tres días de expedición. Salieron de Luchon, pasaron la primera noche en 'la rencllusa' (cobijo bajo una roca), que todavía hoy existe, la segunda noche la pasaron sobre el lago superior de Coronas y desde allí hicieron cima el tercer día., regresando a 'la rencllusa'.

Cuatro días después, Platon de Tchihatcheff, Auguste Laurent, Pierre Sanio, Bernrad Arrazau Ursule y Pierre Redonnet Nate, volvieron a alcanzar la cima del Aneto pero lo hicieron por la que hoy sería la vía más habitual, la cara norte.

En estos 175 años lo único que no ha cambiado ha sido la ilusión de la gente por alcanzar la cima más alta del Pirineo. El resto sí ha sufrido cambios, tanto el material, que ha evolucionado muchísimo, como la montaña, con un rápido retroceso de los glaciares.

También ha cambiado la técnica aunque físicamente, posiblemente, aquellos primeros pirineistas estaban mucho mejor preparados, puesto que caminaban mucho y por todos los lados. Y, por supuesto, el deseo y el ansía por conocer lo que se veía desde la cima del Aneto que hoy se ha convertido sólo en un reto que cumplir.

175 años dan para muchas historias y anécdotas, además de las conocidas como la de la vespa, que se subió a lo más alto, o el rayo que acabó con la vida del guía benasqués José Sayó y de su cliente, también se cuenta cuando en 1951 el Centro Excursionista de Cataluña colocó una gran cruz, hoy en día uno de los emblemas de la cima, y cinco años después llegó, con Montañeros de Aragón, la Virgen del Pilar. En dos ocasiones la cruz ha sufrido ‘accidentes’, uno a consecuencia de la creta de hielo y nieve que se acumula, y otro, por la caída de un rayo. Les acompaña desde 1981, San Marcial.

Según los datos aportados por el servicio de rescate de la Guardia Civil y la campaña Montaña Segura al estudio del perfil de los montañeros rescatados en el entorno del Aneto realizado dentro del proyecto ‘Aneto Seguro’ de la Federación Aragonesa de Montañismo y la Asociación Turística Valle de Benasque gracias al Fondo Agrícola de Desarrollo Rural, Gobierno de Aragón y Cedesor, en un día de afluencia máxima pueden ser unas 240 personas las que estén intentando acceder a la cima del Aneto por alguna de las dos rutas normales, vertiente norte o sur, que superan los 1.500 metros de desnivel y exigen una buena forma física, y otras habilidades para moverse, puesto que, no existen caminos sino itinerarios señalados con mojones o hitos de piedra.

En un año como éste, en el que se cumple el 175 aniversario de aquella expedición, sería bueno recordar cómo y por qué aquellos pirineistas asumieron una acción de tal entidad y aprender de aquella historia.

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