El hombre y el lobo

Ángel Samper Secorún

Secretario General ASAJA Aragón

El naturalista Félix Rodriguez de la Fuente se impregnó desde muy joven del famoso doctor y zoólogo austriaco, Konrad Lorenz, premio Nobel en 1973, padre de la teoría del comportamiento animal “Imprinting”.

Félix decidió desde temprana edad ponerla en práctica, no con aves como había hecho Lorenz sino con lobos. Decía “si se coge un animal cuando es pequeño, se le da de comer, se juega con él y se le da protección, este animal identifica a este hombre como si fuese su madre o un animal de su propia especie. Me propuse transformarme en lobo para conocer mejor a los lobos” y continuaba diciendo “así podemos entrar en ese mundo del psiquismo, de la conducta o comportamiento del lobo para comprenderlo”. Concluía con una frase rotunda: “Sí, un hombre puede transformarse en un lobo y un lobo en un hombre”.

Nerón, Kazán, Blanquita y Luna fueron cuatro de los lobatos que sirvieron de experimento a Rodriguez de la Fuente. Él y su equipo se hicieron un poco lobos y los cuatro lobatos se “humanizaron” ante todos nosotros e impregnaron al equipo de la serie “El Hombre y la Tierra” como si fueran parte de su especie. Y no sólo eso; nos trasladaron y regalaron el pequeño gran milagro de las imágenes, del cine y la naturaleza haciéndonos partícipes de ese acercamiento y transformación con el mundo salvaje. ¡Quién no recuerda la sintonía que daba comienzo a cada capítulo y sus impactantes imágenes!. La pantalla del televisor en esos momentos acababa de ser un descubrimiento para todos nosotros y formó parte de nuestro acercamiento al mundo animal y de nuestra transformación.

Sin embargo, la forma de conducirse de la sociedad moderna está muy lejos de esta nobleza de intenciones. El hombre moderno se ha transformado hasta límites insospechados, consciente e inconscientemente, en lo peor de sí mismo alejándose del propio hombre. El “animalismo” es un claro ejemplo de ello. Al igual que el lobo en la defensa de sus lobeznos, que se muestra y engaña al hombre alejándolo de su madriguera para protegerlos, el nuevo “lobo urbano” aparenta ser humano y social para engañar al hombre e utilizarlo y someterlo con sus votos.

Este “lobo urbano” no solo ha aprendido a transformarse cuando le interesa y a costa de quien se le antoja sino que decide quedarse desde el desconocimiento solo en la piel para utilizarla y venderla a su antojo. Y de esta transgresión se deriva el “buenismo”, que es una forma de conducirse de la edad moderna por la cual se construyen con palabras los discursos más hermosos con la única intención de ocultar aviesas intenciones.

La decisión de la Consejería de Desarrollo Rural y Sostenibilidad de apostar por el lobo en detrimento de la ganadería extensiva obedece a un cálculo de intereses en los que la ganadería extensiva y el medio rural están siempre en segundo plano. El interés general y la verdadera conservación de la naturaleza son obviados en nombre de una “conciencia animalista” con un claro tinte político.

Que nadie se llame a engaño, el verdadero ecologista defiende no el “medio” ambiente sino el “ambiente completo” porque conoce la realidad compleja y el delicado equilibrio del medio rural. El “ecologista de asfalto y hormigón” se queda con la media parte que le interesa: la utilización de lo social, del animalismo, del falso conservacionismo, de la solidaridad y cuánto se le ocurre en cada momento para movilizar la opinión pública a su favor y empatizar con ella, pero con fin muy distinto al ecologista de verdad.

Empatizar y acercarnos al otro es, efectivamente, el mayor reto pendiente de la sociedad moderna, pero con las prioridades y los valores en orden, no tergiversados. Estamos asistiendo a una involución moral, con una sociedad cada vez más cercana al mundo animal y más alejada del hombre.

Desde ASAJA ARAGÓN venimos denunciando constantemente la precaria situación en que se ve inmerso el hombre y el medio rural donde a pesar de las grandes declaraciones y exhibiciones dogmáticas, el cálculo del lobo “urbano” está siempre presente.

No es normal lo que está ocurriendo cuando en el centro de los encargos europeos no está el medioambiente sino el ambiente completo donde el hombre rural está en el centro porque es quien puede hacer posible el cuidado de la fauna, de la flora, del aire y del suelo. Sin embargo, vemos como la ganadería extensiva, las posiciones de dominio en la cadena alimentaria, la estrangulación del presupuesto para el medio rural, el sometimiento a la constante sospecha de los productores, la deriva de los cada vez más complejos procedimientos de control supone en la práctica que el hombre rural está constantemente relegado, sometido y vilipendiado por este nuevo lobo que decidió deshumanizarse.

Lo que hemos descrito en esta editorial obedece al sinsentido o a la lógica que nos regala Konrad Lorenz: “he encontrado el eslabón perdido entre el primate y el hombre civilizado: nosotros.”

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