Devoción, nervios e ilusión en la procesión y el Pontifical, en el día grande del patrón oscense

Desde primera hora de la mañana, decenas de personas se acercaban, en este 10 de agosto, a la basílica de San Lorenzo para acompañar al patrón oscense en el día de su festividad. La celebración eucarística más multitudinaria, como cada año, era el pontifical, que presidía el obispo de Huesca, monseñor Julián Ruiz, y que comenzaba con unos minutos de retraso.

En torno a las 9.15 horas, la peana con el busto de san Lorenzo salía por la puerta principal de la basílica para iniciar la procesión hasta la Catedral, acompañada del párroco de la basílica, sacerdotes, seminaristas, la Real Cofradía de San Lorenzo, la Cofradía del Santo Cristo de los Milagros y San Lorenzo, la Cofradía de Loreto, decenas de cofrades, las mairalesas y los danzantes, que danzaban durante todo el recorrido. En el momento en el que se asomaba la peana por el pórtico de la basílica se escuchaban aplausos y algún ¡Viva san Lorenzo! Del mismo modo sucedía en las diferentes calles por las que procesionaba la peana con el busto.

En la Catedral se incorporaba el Cabildo Catedral, el vicario general, sacerdotes y diferentes autoridades locales, autonómicas, regionales y de la ciudad francesa de Tarbes, que está hermanada con Huesca. En esta ocasión, la procesión regresaba por la calle Santiago, bajando por la plaza Lizana hasta llegar al Coso, donde continuaba hasta la esquina con la plaza san Lorenzo, para evitar las obras de la calle Padre Huesca.

Tras el baile de los danzantes al santo en el interior del templo, que estaba abarrotado de devotos y laurentinos, comenzaba la misa pontifical en torno a las 11.00 horas. La celebración estaba acompañada musicalmente por unas cuarenta voces masculinas, de la Coral Oscense, del Coro Ars Nova y del Coro Ars Musicae, dirigidos por Antonio Viñuales, director de la orquesta de Cámara de Huesca.

En su homilía el obispo, Julián Ruiz, señalaba que “San Lorenzo nos enseña tres grandes lecciones: alabar a Dios; servir a los pobres y dar testimonio de la fe” y que “San Lorenzo es como un grano de trigo que cayó en tierra, entregó su vida, murió, dio fruto abundante y continúa siendo fecundo. Durante la procesión hemos acompañado a san Lorenzo, cuyo busto se ha hecho presente en las calles y plazas, como signo de bendición. Realmente san Lorenzo bendice los lugares por donde pasa”.

En su sermón, también recordaba la astucia del santo oscense cuando el emperador Valeriano le pidió que entregara las riquezas de la Iglesia de Roma y se presentó con los pobres, a quienes había entregado los bienes. Con este gesto “proclamó dos realidades: que en la Iglesia los bienes terrenos se destinan a los pobres y que los pobres son el verdadero tesoro de la Iglesia”.

El obispo aseguraba que “san Lorenzo nos anima a reconocer algunos principios que, desde la fe y desde la Doctrina Social de la Iglesia, iluminan nuestra realidad: la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la defensa de los derechos y la promoción de los deberes, el bien común, el derecho a un trabajo digno y estable”.

Además, dedicaba algunas palabras en francés a las autoridades de Tarbes, sobre el patrón y la realidad de nuestros días. Al concluir la eucaristía y tras cantar el himno de San Lorenzo, se daban a venerar las reliquias de san Lorenzo, que se guardan en la basílica.

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