¿Y ahora qué? Del 15 al 9

Huesca, Cuna de San Lorenzo

Hace unos días que las fiestas de San Lorenzo han llegado a su fin. Una semana donde el espíritu de la ciudad, y de los ciudadanos con ella, cambia por completo en una transformación mágica. Los problemas se olvidan, la alegría salta al primer plano y nuestra vida diaria se destensa. Los colores blanco (para muchos, ya demasiados, también rosa y no de felicidad precisamente) y verde de las vestimentas inundan las calles, plazas y casas.

Hemos guardado la indumentaria laurentina hasta el año que viene. Y en general, hemos guardado el espíritu de convivencia, de alegría, de comprensión (con algunos malestares inherentes al jolgorio) que hace de Huesca y sus fiestas algo diferente. Ya no saludaremos a todo el mundo, ya no llenaremos la Basílica, ya no vendrán los familiares y amigos de fuera, ya no nos agolparemos para ver la procesión o los Danzantes… eso es sólo para las fiestas.

Y es que sería muy raro ir a la plaza de San Lorenzo a ver a los Danzantes en noviembre, o pasear por los Porches vestidos de blanco y verde en marzo. Si alguien lo hiciera, pensaríamos que está loco o que va muy despistado. Pero sí, si se puede.

Nuestra actitud no ha de depender necesariamente de vestimentas ni de fechas señaladas. Se puede mantener el espíritu laurentino durante el año, ya no del 9 al 15 sino del 15 al 9. Procurar que nuestra convivencia sea mejor. Pasarnos por la Basílica de vez en cuando a ver a San Lorenzo, porque para nuestra suerte, le tenemos allí todo el año. Él puede ayudarnos a encajar lo que la vida nos traiga con la mejor disposición.

¿San Lorenzo 7 días? Mejor 365… o 366 si es bisiesto. Que nos ampare y proteja todo el año.

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