La Festa de la Coqueta de Benabarre sigue creciendo

Coqueta

Alrededor de 4.000 tapas y vinos se consumieron, en poco más de dos horas, en la XIV Festa de la Coqueta y Tapas Benabarre Sabor que se celebró este viernes, en una noche, perfecta, en lo que al tiempo se refiere, que invitaba a acercarse al parquin de la obaga del castillo a degustar las tapas, elaboradas por los restaurantes del municipio, y coqueta. Desde la organización se calcula que fueron más de 1.500 personas las que disfrutaron de esta cita gastronómica. Se degustaron unas 2.000 raciones de coqueta.

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El alcalde Alfredo Sancho, se mostraba satisfecho con el resultado, de un evento que crece poco a poco. Es muy grande el esfuerzo de organización que hay detrás, decía, pero compensa la respuesta de la gente.

También era positiva la valoración que hacía de las novedades que se incorporaban este año, como el cartel, que ha sido un acierto total, de hecho, explicaba Sancho, han recibido llamadas desde distintos puntos de la geografía nacional, para hacerse con una copia del mismo.

En cuanto a la labor de los mantenedores, Javier Segarra y Daniel Iranzo, y la pantalla gigante, también el balance era positivo porque se consiguió que todo el público fuera conocedor, en todo momento, de lo que sucedía tanto en la zona de cocción de la coqueta, como la elaboración de las tapas. Un aspecto a mejorar para próximas ediciones, reconocía Sancho será la colaboración con Ferma.

Este año, se ponía en marcha la venta anticipada de fichas de tapas y bebidas, con el objeto de evitar las enormes colas que otros años se hacían en la carpa de venta. Se vendieron de forma anticipada 1.500 tapas y bebidas evitando colas en la venta aunque se generaron en algunos restaurantes, algo lógico si se tiene en cuenta, que para no perder calidad, los restaurantes elaboraban las tapas, prácticamente, en el momento.

Alrededor de las 23 horas se desvelaba el secreto mejor guardado de la edición, el diseño de la coqueta gigante que, en esta edición pesaba 16 kilos y era blanca, aunque dentro era bicolor. El agujero se rellenaba con una J y una D, las iniciales de los mantenedores.

Tras sacarla del caldero se repartieron, entre el público que quiso degustarlas, coquetas sacadas del caldero y hechas a la brasa tanto negras como blancas.

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