Fiesta Mayor’17 Caserras del Castillo

XLI aniversario “So Nostre”. VIII aniversario local social.

Organizada por la Asociación “So Nostre”, con la colaboración del Excmo. Ayuntamiento de Estopiñán y de Luis P. Morancho.

“Ya no tocan las campanas de su alto campanar, los niños no corren por sus calles, ya no hay donde pasar, la vegetación ha ganado la guerra, la humanidad ya no es nada en este lugar……….

Somos espectadores de una belleza sin igual, espectadores del pasar del tiempo, observadores puntuales que no queremos olvidar y que la tierra recuerde que algún día fuimos suyos y que nuestro corazón danza al venirla a visitar.”

(Anabel Lara Bafalluy)

Hace 41 años se formó la Asociación “So Nostre” para recordar el pueblo que fue, para no olvidar volver aunque fuese unos días cada año, u organizar un día de fiesta como se hacía antes de abandonar esas tierras, esas casas, esos campos de cultivo, esas huertas con agua de alberca, esas “charradetas” sentados en la plaza, en el branquil de las casas, en las silletas bajas en plena calle, en la fuente con el cántaro, en el lavadero mientras se enjabona las sábanas, en el abrevadero mientras abrevan las caballerías…

Se fue celebrando el santo patrón S. Ramón Nonato en los años siguientes concitando un día de fiesta alrededor de esa fecha del 31 de agosto; y fueron viniendo, fueron llegando, fueron acercándose desde sus exilios, unos desde las poblaciones de La Litera, del Cinca Medio, incluso de Huesca capital, otros desde los pueblos de Lérida adonde habían dirigido sus nuevas vidas, otros desde la gran urbe de Barcelona, primero con sus hijos, luego sus hijos con sus nietos, y así sucesivamente.

En el 2009 la Asociación consiguió levantar un refugio, una nave-almacén donde se celebraría a partir de entonces la comida comunitaria. Es el local social. Ahora las inclemencias del tiempo, calor, lluvia, no son obstáculo para la fiesta; antes, los caserrinos, se juntaban por familias, en grupos, en plena naturaleza, en reunión campestre; ahora, llegan a Caserras a limpiar el local, a colocar los tableros con caballetes, las sillas de plástico verde alrededor, se abren las ventanas, se limpian los cristales, se quitan las telarañas, se echa lejía al baño, se da el agua,… Y el día de la fiesta, se reúnen un centenar de personas a la vista del Monsec y de la sierra de san Quílez, del tozal de san Miquel, de las eras escondidas entre la vegetación, y alrededor del “Pilaret” de S. Ramón y Sta. Sofía, a la sombra del casi centenario litonero y una medio cementada “era” en donde casi todos se dispondrán a jugar a las birllas o palitrocs, los más jóvenes competirán en una corta carrera pedestre. Y mientras el cura, generalmente un escolapio que sigue la vocación de José de Calasanz, oriundo de Peralta de la Sal, prepara un improvisado altar para celebrar la eucaristía, los caserrinos “charran” como antiguamente, se saludan, buscan la sombra bajo el litonero, se acomodan en sillas plegables que han portado las mayores, previsoras como siempre, y los hombres se sientan en un banco corrido puesto al efecto. Luego, a la 1, empezará la misa, se van acallando las voces; y terminada la misma, se llegarán por un recién desbrozado camino, al cementerio municipal que es obra de 1903; un pequeño responso, un remozado ramo de flores dejado a los pies del alto ciprés, una oración, y el repaso de las tumbas que aún tienen nombre, también las acotadas en tierra serán recordadas por alguien que aún sabe qué restos son aquellos.

Algunos de los antiguos habitantes o descendientes marchan de regreso; sólo han venido a recordar, a volver a ver a sus vecinos, amigos, parientes y ya se dan por contentados. Otros, los más, bajan poco a poco, al local social en el que van a hacer la comida de la fiesta, lo que más les va a identificar con la tierra que un día tuvieron que dejar, porque así lo decidieron, porque sus abuelos lo ordenaron, porque vieron que su futuro dependía de un nuevo medio de transporte, porque el pantano les impidió seguir viviendo allí, porque los padres se dieron cuenta que sus hijos ya no tenían escuela, porque no había médico, o hasta el barbero tenía que hacer de sacamuelas; porque algunos decidieron ir a “hacer las américas”, otros a Francia a la vendimia y ya no volvieron, etc, etc, etc. ¡Quién sabe ahora las razones! Sí vemos las consecuencias.

La Asociación aprovecha para su asamblea general anual, se lee el acta, se aprueba; se juega un bingo, se rifa aceite y jamón a la línea y al bingo; el jurado califica los dibujos del concurso “Paisajes de Caserras”. Siempre hay aficionados al cante, se cantan jotas y otras; se recogen las mesas y sillas; se escoba el local. Ya está la orquesta lista y todos al baile en la era. En el descanso, se reparten los premios: a los ganadores de los palistrocs, a los de la carrera pedestre, a los de dibujo. Sigue la música y el baile hasta las 20 horas. Ha sido un día alegre, se ha disfrutado, vienen las despedidas, los adioses, pero no es la desolación de un pueblo muerto como se podría pensar, es la alegría de un lugar único, con mucha historia que contar.

Tere Bailac Pociello (Presid. Asoc. So Nostre)

Comentarios