La fiesta del Santo Cristo de los Milagros reúne a un centenar de peregrinos en la Catedral de Huesca

Celebración Santo Cristo de Los Milagros

Numerosos peregrinos y fieles abarrotaban a primera hora de este 12 de septiembre, la catedral de Huesca, acompañando en su festividad al Santo Cristo de los Milagros. Unas 100 personas, procedentes de catorce localidades de la diócesis habían caminado durante la noche, movidas por su devoción al santo para poder participar en esta tradicional fiesta. A su llegada a Huesca asistían a la primera misa, con otros cientos de oscenses que también estaban presentes en esta celebración.

Los peregrinos procedían de Antillón (3), Banastás (14), Bolea (7), Chimillas (7), Igriés (10), Linas de Marcuello (2), Pueyo de Fañanás (6), Puibolea (1), Sangarrén (14), Sesa (14), Siétamo (2), Tabernas de Isuela (7), Tierez (3), y Vicién (90). Algunos de ellos, incluso se han desplazado desde la capital hasta alguna población cercana para realizar la peregrinación nocturna.

El Santo Cristo luce una nueva melena, que ha habido que rehacer, tras haber comprobado que no se encontraba en buen estado tras el último cambio de manto que se realizó. En este día portaba un manto rojo, que corresponde a su festividad.

Antes de iniciar la primera eucaristía, el obispo de Huesca recibía a los peregrinos en la plaza de la Universidad, desde donde iban en procesión hasta la seo oscense. Allí se procedía a trasladar la imagen del santo Cristo, desde su capilla hasta el Altar Mayor. Durante toda la jornada se celebraban eucaristías a las 9.30, 10.30, 12.00, 18.00 y a las 20.00 horas. La última celebración era el solemne Pontifical, presidido por el prelado oscense y en el que se realizaba de nuevo el traslado del santo desde el Altar Mayor hasta su capilla, donde permanece durante todo el año.

La Asociación de Vecinos del Casco Viejo, Osce Biella también cumplía con su tradición, y repartía chocolate cocido y bizcochos tras la misa de los peregrinos, y tras la misa pontifical de la tarde repartían melocotón con vino y torta.

La primera celebración eucarística comenzaba con una mención sobre esta devoción al santo que comenzó en 1497. Año en el que durante el transcurso de una procesión por las naves de la catedral, esta imagen sudó de forma milagrosa y la ciudad quedó libre de la terrible epidemia de peste que la asolaba desde hacía meses.

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