Las albadas, el sonido de las fiestas de Graus

La primera tarde festiva de Graus resultaba cargada de emociones y de sonidos, el de los trabucos, el de las gaitas y el de las albadas que los grausinos volvían a entonar, por primera vez, en las fiestas. Tras la algarabía y la fiesta del pasacalles, y después de unas horas de descanso, a las 19 horas, vecinos y visitantes acudían al puente de abajo a recibir, como manda la tradición, a los gaiteros, en lo que se conoce como la espera de la gaita donde participan miembros de la cofradía, repatanes y repatanas, danzantes y danzantas y autoridades municipales, entre otros. Grausinos y visitantes eran obsequiados con albahaca y torta.

Desde allí, el ‘cortejo’ se dirigía a la casa en la que habitó San Vicente Ferrer donde, por segundo año consecutivo, una mujer, Jacinta Trell, entonaba la primera albada.

Tras, la primera parada, llegaba la visita a la capilla del Santo Cristo, en la iglesia de San Miguel, al que se honraba con otra albada y con la ofrenda de frutos.

Hasta cinco albadas sonaban en la tarde del día 12 porque también al alcalde, el párroco y el prior de la cofradía del Santo Cristo y San Vicente Ferrer, se les ‘regala’ una albada.

Las albadas son para los grausinos cantos arraigados y muy tradicionales que se escuchan la tarde del día 12, y la madrugada del 14 al 15 en una ronda que comienza a las 2 y concluye varias horas después, en la plaza Mayor, con reparto de guiso de ternera.

Son piezas líricas, cantadas al alba, con motivo de la llegada de la primavera u otras fechas como carnaval. También se busca su origen en las canciones de pastor o alboradas o incluso un origen musulmán.

Después de cada albada, en grupo se interpreta el estribillo a modo de despedida.

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