Huesca reconstruye la primera bicicleta que se hizo en España

primera bici

La ciudad de Huesca y su provincia pueden considerarse como la cuna del ciclismo español por una larga lista de datos que la sitúan como pionera. La primera bicicleta, la primera revista llamada El Pedal de Huesca (1869), la primera randoneé entre Huesca y Zaragoza, el decano de los ciclistas Manuel Ricol, los pioneros como Gregorio Barrio, José Maria Javierre que fue el primer español en correr un Tour de Francia, el velódromo de Huesca impulsado por Campaña en 1888…y así una larga lista de noticias.

Dentro del plan de la bicicleta que impulsa la Diputación Provincial de Huesca este viernes día 1 se expondrá una réplica de la bicicleta que construyo Catalan en 1867.

Vicente Cajal, en su libro 'Un oscense' (Imprenta Provincial, Huesca, 1967) relata la historia de cómo se construyo la primera bicicleta de España, con el nombre de 'velocífero'. La habría construido el herrero oscense Mariano Catalán, basándose en el diseño que Costa había hecho sobre un papel tomándolo del natural en la exposición de Paris. Distintos estudiosos del ciclismo de Huesca como Julio Briosos, Luis Gracia, Juan Carlos Ara, Bizén d’o Rio, José Antonio Adell y Celedonio Garcia y, más recientemente, Angel Giner han coincido en señalar que Catalán fue el pionero.

La figura de Mariano Catalán, el oscense que construyó la primera bicicleta en España, es prácticamente desconocida. Ni siquiera en los ambientes ciclistas existe un conocimiento  de lo que representa Mariano Catalán para la Historia del ciclismo español. Catalán no solamente fue el pionero en la tarea de construir la primera bicicleta española. Su viaje a Zaragoza, junto con su amigo Gregorio Barrio, constituye la primera “randonée” velocipédica de la que hay constancia en el ciclismo español. Estos dos  hechos, constatados a través de fuentes directas e indirectas, sitúan a Huesca como cuna del velocipedismo español.

Lamentablemente, este herrero de la familia oscense conocida como los Marantos, no se dedicó a perfeccionar su biciclo y a fabricarlo en serie. De haberlo hecho seguramente habría dado a Huesca una dimensión extraordinaria desde el punto de vista industrial.

Pero la historia de este proceso no arranca con la materialización de la obra de Catalán, en la herrería que tenía su familia en Huesca junto al Coso, al lado del Teatro Principal. El asunto viene de lejos.  Todo se inicia con la presencia del joven Joaquín Costa, el insigne aragonés, en la Exposición Universal de Paris de 1867.

La capital francesa, como relata Angel Giner, se convierte ese año en el epicentro de todos los avances hasta entonces conocidos. La primera etapa de la revolución industrial (1750-1840)  había proporcionado múltiples avances e inventos de todo tipo. La industria había dado un paso de gigante en la producción de todo tipo de maquinaria. Pierre Michaux, un constructor de carrozas, desde 1861 venía aplicando palancas con pedales a la rueda delantera de sus prototipos, muestra su sorprendente máquina a los miles de ávidos buscadores de tecnología que pasan por la Exposición Universal de Paris.

Joaquín Costa está en la capital francesa becado por la Diputación de Huesca para captar ideas para el desarrollo de la agricultura en el Alto Aragón. En su localización de nuevas tecnologías queda  sorprendido cuando encuentra el vehiculo de Michaux. En un papel de fumar dibuja con todo detalle su elemental esqueleto, y especialmente su principal apartado: la rueda delantera con las palancas o pedales que le permiten la autoimpulsión. Eso ocurre a finales de octubre de 1867. En torno al famoso dibujo de Costa se ha vertido alguna que otra leyenda urbana. Ciertamente no se ha localizado y es posible que ya no exista, pero testimonios indirectos de probada validez lo dan como cierto.

El dibujo de la máquina de Michaux, cuyos prototipos ya empezaban a dejarse ver en Francia, llega a la tertulia de la que Costa formaba parte del Casino de Huesca, esto es, a manos de  Francisco Larruga,  José Lasierra,  Mariano Betrán y  Hilario Larrosa. Con el fin de materializar el contenido del papel, se lo ofrecen a Mariano Catalán, que junto con sus hermanos Nicomedes y José poseen la principal herrería de la ciudad, ubicada como se ha dicho junto al Coso.

EL PROTOTIPO DE MARIANO CATALÁN 

Mariano Catalán toma interés por el asunto y, basándose en el dibujo de Costa,  fábrica en secreto un prototipo casi en su totalidad de madera, que finaliza a primeros de diciembre 1867 Mariano monta en el biciclo. En una de las intentonas el biciclo se desplaza más que las otras veces. Catalán cree que sigue empujándole el criado pero no es así. Mueve la rueda motriz delantera  y alcanza un equilibrio permanente en movimiento. Son las primeras pedaladas de las que hay constancia en el ciclismo español. Huesca pasa de este modo a ser la cuna de la primera bicicleta española.

Hay que decir en relación a Pierre Michaux, que éste no empezó la fabricación en serie de su velocípedo en Bar-le-Duc hasta 1868, por tanto es prácticamente imposible que nadie antes que Catalán manipulase un velocípedo en España. De hecho no hay constancia de ello, ni documentada ni referida.

Esa misma noche, Mariano Catalán regresó montado en su biciclo a casa, formándose una gran algarabía en torno al aparato. El pionero tuvo que hacer no menos de tres demostraciones en el paseo de la Estación de Huesca.

Durante el mes de enero de 1868 Mariano Catalán construyó dos prototipos más, con la mayor parte de sus componentes en hierro.

EL VIAJE A ZARAGOZA

Catalan  junto  a Gregorio Barrio se entrenaban por los alrededores de Huesca, pero la curiosidad y el espíritu aventurero les llevó a ambos a proyectar  una pequeña hazaña consistente en un viaje de ida y vuelta a Zaragoza.

Una aventura que hoy podemos constatar como el primer raid cicloturista -pues no fue competición- del ciclismo español. Las primeras hazañas, recor de distancias y recorridos con cronómetro en mano llegarían unos pocos años más tarde por el también aragonés Manuel Ricol, nacido en Castellote (Teruel), titulado por sus contemporáneos como “Decano de los ciclistas españoles”.

El viaje de Catalán y Barrio a Zaragoza se inició el 20 de marzo de 1868  con salida a las cuatro de la mañana de Huesca. Les dio la despedida como si a las Américas se fueran, don Domingo del Cacho, cuñado de Gregorio Barrio. La marcha fue lenta y tuvieron que descansar varias veces pues los biciclos eran extremadamente pesados, pero a eso del mediodía llegaron a Villanueva de Gállego, cubriendo hasta ese punto aproximadamente sesenta kilómetros. Allí comieron y descansaron para acometer la entrada a Zaragoza a las cinco de la tarde. Atravesaron el Puente de Piedra, San Gil y llegaron hasta la Plaza de Santa Engracia “con gran sorpresa y admiración de los zaragozanos que recibieron con agrado la visita de nuestros oscenses”, relata Vicente Cajal

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