400 años de la llegada de las clarisas a Monzón

Hasta agosto de 2018, Monzón celebra los 400 años de la llegada de las religiosas Clarisas a la ciudad. El pasado 4 de octubre el obispo emérito, Alfonso Milián, presidió la eucaristía que inauguraba los actos de este efeméride para la que se ha creado un logotipo y se ha compuesto una canción. Este jueves, tenía lugar el segundo de los actos con la vigilia de la Inmaculada, presidida por el Obispo Ángel Pérez.

CLARISAS

La historia de este monasterio se inició con la fundación que realizaron cuatro hermanas procedentes de Lérida el 2 de agosto de 1618. Pudo llevarse a cabo gracias al legado de Dña. Juana de la Torre. Su primera ubicación fue en la plaza de Santo Domingo.

En 1642, al declararse la guerra de los Segadores y quedar la villa de Monzón totalmente deshabitada, las religiosas tuvieron que trasladarse a Zaragoza, donde residieron durante 25 años. Regresaron en 1667 y se instalaron en la casa de D. Martín Ozcoide, debido a que el primitivo convento había sido ocupado por los PP. Dominicos.

En el año 1684 dos religiosas salieron de esta comunidad para ocupar los cargos de abadesa y vicaria del monasterio de Balaguer, dada la juventud de las hermanas que allí residían.

A comienzos del siglo XVIII y con motivo de la guerra de Sucesión, las religiosas tuvieron que abandonar de nuevo el convento, trasladándose a Barbastro.

Durante la guerra civil de 1936-39, nuestras hermanas se refugiaron en casa de sus familiares. En este lamentable periodo de nuestra historia, tres hermanas fueron asesinadas sólo por ser religiosas. El episodio pasó inadvertido incluso a la Iglesia, debido a la humildad franciscana de sus compañeras, que no quisieron dar publicidad al hecho. Era sor María Antonia Pascau, sor Inés Sota y sor Josefa Belarra, la primera de Calasanz y las otras dos de Navarra. Fueron apresadas en Gabasa, en Mas de Perat, y conducidas a Peralta de la Sal, donde aparecieron muertas.

El edificio quedó en estado lamentable, por lo que se decidió construir un nuevo monasterio en las afueras de la población, que fue inaugurado con su actual denominación el 17 de septiembre de 1961.

En 1955 llegaron a nuestro convento siete religiosas procedentes de Cantalapiedra. El refuerzo que supuso para nuestra comunidad fue providencial.

Disponemos de un obrador artesanal de repostería en el que, previo encargo, ofrecemos una amplia variedad de pastas. También elaboramos formas para la eucaristía y bordamos y restauramos ornamentos para el culto. Además, ofrecemos a particulares labores de bordado, como mantelerías, juegos de cama y ropa de hogar. Se nos conoce por los arreglos de ropa, especialmente por los “zurcidos invisibles”. Por otra parte, disponemos de una pequeña casa de acogida para grupos de oración que tiene cuatro habitaciones y cocina, con siete plazas. Funciona s

Comentarios