El empate técnico de Esquerra y Ciudadanos complica los acuerdos para gobernar Cataluña

Las próximas elecciones catalanas dibujan un complejo laberinto político en el que se confirmaría la fragmentación del Parlamento de Cataluña, algo que se revela en el dato de que ninguna fuerza superaría el 25% de los votos. La encuesta de intención de voto elaborada por A+M para HENNEO refleja un empate técnico de Esquerra y Ciudadanos como primera fuerza política, ambas por encima del 24% de los votos y con solo unas décimas de diferencia a favor de los independentistas.

La excepcionalidad de la situación política que vive Cataluña, con una sociedad dividida y sometida a frecuentes convulsiones, hace que esta cita electoral no encuentre parangón respecto a cualquier otra. El interés ciudadano por los comicios es alto, con una participación prevista del 84,3%. Pero lo extraordinario de la coyuntura actual se traduce también en una gran dificultad para articular mayorías suficientes y formar gobierno, pese a que los soberanistas se podrían quedar cerca de esa posibilidad. Esquerra y Junts per Catalunya conseguirían por separado más porcentaje de voto que lo que lograron en la coalición Junts pel Sí en las elecciones de 2015, pero la suma de sus escaños se quedaría entre 57 y 61, por debajo

de los 62 que entonces obtuvieron.

En cualquier caso sería el partido de Oriol Junqueras, que se encuentra en prisión provisional y que tiene como cabeza de lista a Marta Rovira, el que lideraría de forma clara el bloque del secesionismo, con una horquilla que iría de 33 a 35 diputados.

La nueva formación del expresidente Carles Puigdemont, huido en Bélgica pero activo en la campaña electoral y con constante presencia mediática a diferencia

de lo que ha ocurrido hasta ahora con el líder de ERC, sería la tercera fuerza política con 24-26 escaños. Ciudadanos lograría un incremento notable de sus apo yos, al obtener de siete a nueve diputados más, hasta 34, aunque tendría difícil liderar un ejecutivo de corte constitucionalista. Su ventaja se ve mermada por la caída del PP, que sería su aliado más claro, al perder este de cuatro a

cinco parlamentarios de los 11 que tenía. El PSC ganaría exactamente esa misma horquilla de representantes y se colocaría en 20 o 21 diputados.

Despegue de Arrimadas

Ciudadanos, que confirma el impulso que ya consiguió en 2015 al

situarse como primer partido de la oposición, goza de la mayor fidelidad de voto. Casi uno de cada tres votos del PP en aquellas elecciones sería ahora para el partido que lidera Inés Arrimadas en Cataluña. Es además el que gana entre los votantes nuevos, llega a triplicar a Esquerra en este sector de la población y también entre los abstencionistas de hace dos años. De hecho, salvo de las formaciones soberanistas, Ciudadanos recoge votos de todos los demás partidos.

Junts per Catalunya es la formación que presenta más desigualdades respecto a la clave de edad. Es la que obtiene más votos de los mayores de 54 años (23,4% de ellos), mientras que su apoyo entre los más jóvenes es muy escaso (2,3%). El voto joven soberanista se reparte entre la CUP y ERC, mientras que el voto constitucionalista de esa franja de edad lo acapara, con gran

ventaja, Ciudadanos.

Las tres formaciones con menor representación en los comicios anteriores, Cataluña en Común, el PP y la CUP, que se situaron en todos los casos unas décimas por encima del 8% del voto, reducen sus apoyos hasta quedarse justo unas décimas sobre el 5%, también en los tres casos.

Los radicales de la CUP, que han sostenido el gobierno de Puigdemont durante la anterior legislatura, se quedarían con siete u ocho diputados de los 10 que tenían. Lo mismo ocurre con Cataluña en Común, que tenía 11 y bajaría a siete u ocho.

La posición que adopte la formación liderada por Xavier Domènech, que ha optado por rechazar tanto la política del Gobierno de Rajoy y la aplicación del artículo 155 de la Constitución como la vía unilateral del independentismo de Puigdemont, podría ser clave. De acuerdo con la matemática electoral, la opción con más posibilidades para formar gobierno volvería a ser la del independentismo, que podría en el mejor de los casos, lograr la mayoría absoluta.

La repetición de una alianza tripartita entre ERC, Junts per Catalunya y la CUP tendría aun así serios inconvenientes internos que se manifiestan en primer lugar en la controversia entre republicanos y exconvergentes acerca de la legitimidad del expresidente Puigdemont y su continuidad en el palau de Sant Jordi tras la aplicación por parte del Estado del artículo 155.

En el otro lado, el del llamado constitucionalismo, la eventual candidatura de Inés Arrimadas como cabeza de lista de Ciudadanos ha sido rechazada de antemano por el PSC. Sus opciones quedarían así cercenadas porque la concurrencia de los socialistas sería indispensable para formar una mayoría alternativa a la del soberanismo.

La razón última de ese rechazo es que Miquel Iceta, cabeza de los socialistas catalanes, pretende articular a su alrededor un gobierno «transversal», aunque su partido no pasaría, según el sondeo, de 21 escaños en una Cámara de 135. Para ello, en una nueva versión del tripartito que hizo presidente a Pasqual Maragall en 2003 tras el Pacto del Tinell, podría alcanzar un acuerdo con Esquerra, con el compromiso firme de la renuncia a la vía unilateral del secesionismo, y también con Cataluña en Común.

Viraje de Junqueras

Lo cierto es que Oriol Junqueras ya se ha movido en ese sentido en el transcurso de las últimas semanas, apelando al diálogo con el Estado y a dejar de lado por ahora una declaración de independencia. El líder de Esquerra se aleja así de las posiciones maximalistas que mantienen sus hasta ahora socios del ‘procés’.

Sin embargo, para que ese nuevo acuerdo tripartito tuviera éxito se tendrían que cumplir dos premisas complicadas: que Esquerra, pese a su clara ventaja respecto al PSC, cediera la presidencia a Iceta y, todavía más difícil, que Ciudadanos y el PP, o uno de ellos, apoyara ese gobierno en una maniobra destinada a frenar la conformación de un ejecutivo decidido a retomar el camino de la ilegalidad. Entre las consecuencias que puede deparar el tránsito por ese laberinto parlamentario parece por todo ello que la repetición de elecciones es una opción plausible.

Según la encuesta, uno de cada cuatro votantes está indeciso. El dato es similar en todos los partidos salvo en Cataluña en Común, con un 42%, algo que podría explicarse en la ambigüedad de su posición en un momento en el que prima la polarización.

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