Muere la periodista jacetana Maruja Callaved

Muere la periodista jacetana Maruja Callaved a los 97 años de edad en Leganés, su lugar de residencia. Callaved fue una mujer pionera. Llegó a ser muy popular por su trabajo como presentadora de Vamos a la mesa (1967), el primer programa de gastronomía de TVE, del que se cumplían el año pasado cincuenta años de la primera emisión. Maruja Callaved había recibido también el reconocimiento de su ciudad, Jaca, siendo galardonada con el Sueldo Jaqués. El pasado mes de marzo se trasladaba a Huesca para recibir un emotivo homenaje dentro del Congreso gastronómico Hecho en los Pirineos.

Maruja Callaved, tras instalarse en Zaragoza, cursó estudios de Filosofía y Letras y se diplomó en Magisterio. Sus inicios profesionales fueron en la radio, aunque desarrolló casi toda su trayectoria profesional en Televisión española, primero como presentadora y más adelante como directora y realizadora de programas.

Comenzó como locutora en off del espacio Club del sábado. Posteriormente, vendría Panorama de actualidad, con el que se vincula a los servicios informativos. A mediados de la década de los sesenta presentó el Telediario. En 1963 recibió el Premio Antena de Oro, por su labor en televisión.

Su popularidad aumenta con el programa Vamos a la mesa (1967), un espacio, predecesor de otros programas de cocina que triunfarían décadas después como Con las manos en la masa de Elena Santonja o El menú de Karlos Arguiñano.1 Un año después presentó Nivel de vida, junto a Blanca Álvarez.

En los años 1970 se puso detrás de la cámara y pasó a la realización, triunfando con programas como Aquí y Ahora (1975) con José Luis Uribarri, y Gente hoy (1976-1981), célebre programa de entrevistas, que le valió el Premio Ondas de 1977 y que lanzó a la popularidad a sus presentadoras Isabel Tenaille y Mari Cruz Soriano.

El Congreso Hecho en los Pirineos la homenajeaba recordando sus palabras:

"Empecé a enamorarme de la comunicación en la universidad, cuando participaba en programas de la radio del centro con solo 18 años. Por entonces, el director de Radio Zaragoza me dijo: “Maruja, tienes que dedicarte a la comunicación. Cuando tú hablas, el resto se calla”. Cuando me quise dar cuenta, estaba trabajando en los estudios del Paseo de la Habana de Madrid, cruzándome por los pasillos con Laura Valenzuela, Joaquín Prat y el resto de ‘padres’ de la televisión española». De aquello ha pasado mucho tiempo, pero Maruja mantiene la lucidez que demostraba cada día cuando se ponía delante de la cámara. Sigue siendo coqueta y no desvela su edad. Tampoco hace falta; un par de dígitos son demasiado vulgares para describir a una artista.

«Por entonces, se creía que hablar de comida en la televisión era una ordinariez, que no tenía suficiente importancia», recuerda Maruja. Afortunadamente, los directivos de aquella televisión viajaron a Sudamérica para conocer los trabajos de los hispanohablantes y volvieron con una revelación. Ese fue el germen de Vamos a la mesa, el programa de Maruja que arrancó en 1967 y que, cada día, minutos antes del Telediario de la tarde, explicaba a los españoles cómo debían comer.

Maruja cuenta que «no se trataba de enseñar a comer sólo por el acto de sobrevivir. Nosotros explicábamos de qué manera había que hacerlo, cuánto y qué. Estábamos educando los paladares de España». También recuerda divertida que en muchos mercados se agotaban los productos que ella promocionaba: «Si un día hablaba de las bondades de las sardinas, podías despedirte de comprarlas si no eras rápido. ‘Lo ha dicho la de la tele’, decían».

Todavía mantiene contacto con sus colegas de entonces. «Cada vez quedamos menos y somos como reliquias, pero muchos de ellos, como Ibáñez Serrador, siguen siendo grandes amigos míos». Todos artífices, artistas, de la buena televisión, de la original, de la que todavía hoy sirve de ejemplo. Y de la que sentó las bases de los programas que hoy se emiten. Porque todos los espacios gastronómicos de hoy en día, ya sean concursos o espacios de recetas, deben mucho a Maruja. A Maruja y a Vamos a la mesa. Sirva de reconocimiento y de muestra cariño y gratitud este homenaje al que la propia Maruja acudirá, encantada de ver cómo los aragoneses, «aunque nos cuesta un poco, parece que vamos aprendiendo a vender lo bueno que tenemos».

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