Inés Plana cautiva a los barbastrenses con su novela "Morir no es lo que más duele"

La autora y periodista barbastrense Inés Plana presentaba su primera novela “Morir no es lo que más duele”, en el Museo Diocesano de Barbastro-Monzón, en un acto organizado por Librería Castillón. Inés Plana estaba acompaña por José María Lacoma y Víctor Castillón.

Más de ciento cincuenta personas asistían a la presentación de “Morir no es lo que más duele”, ópera prima de la escritora barbastrense que cuenta con todo el respaldo de una de las principales editoriales del país, Espasa (Grupo Planeta).

"Morir no es lo que más duele" se presenta como un “thriller para los que creían haberlo leído todo, un crimen diseñado para ser perfecto”, que “atrapa” al lector desde sus primeras páginas. Los críticos destacan la “gran verdad” y los matices de los personajes que dan vida a esta obra, y su trama “sorprendente y realista que avanza implacable hacia una inesperada resolución”. En definitiva, una novela que mantiene en todo momento el ritmo en la lectura y obliga a los lectores a seguir disfrutando y descubriendo la trama, página tras página.

Inés Plana ha creado unos protagonistas con volumen y matices, con vida propia, sujetos a la presión de un caso que los enfrenta con la maldad casi absoluta y con los fantasmas de su propio pasado.

“Morir no es lo que más duele”

La solitaria y monótona existencia de Sara Azcárraga sufre una trágica sacudida cuando, en un bosque de Uvés, aparece el cadáver colgado de un hombre al que le han arrancado los ojos. La única pista que halla la policía científica en el lugar de los hechos es un papel en el que están anotados el nombre y la dirección de Sara. Ella no sabe quién es el muerto ni por qué llevaba sus señas en el bolsillo.

El teniente de la Guardia Civil Julián Tresser se hace cargo del caso. Le ayuda un novato, el cabo Guillermo Coira, recién destinado a la policía judicial en San Lorenzo de El Escorial. La investigación parece condenada al fracaso. El fallecido, Tomás García Huete, era un gris profesor de literatura de vida regular y metódica; nada en él o en sus actividades explica su asesinato. Solo un correo electrónico, firmado por un enigmático grupo pedagógico, y una vieja fotografía de Tomás con unos amigos en un campamento de verano, en 1973, abren una brecha en aquel —en apariencia— crimen perfecto.

Poco a poco, las pesquisas destapan misterios y mentiras que se remontan a décadas atrás. Una instrucción chapucera y el miedo a la repercusión social taparon entonces un crimen que ahora enfrenta a Tresser con un oscuro episodio de su pasado familiar.

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