El trágala del cuartel

( Ciudadanos y ciudadanas independientes C+, integrados en la coalición Cambiar Huesca)

La prepotencia con la que el Ministerio de Defensa viene actuando en Huesca solo es comparable a la incapacidad, convertida en mansedumbre, con la que el Ayuntamiento de la ciudad responde en cada una de las fases que se han ido desarrollando en torno al cuartel Sancho Ramírez reconvertido próximamente en cuartel general. La guinda la puso el pleno del pasado 31 de enero cuando por unanimidad de los grupos políticos se renunció en beneficio del ministerio, a la titularidad de los terrenos del solar del cuartel actual, también a las 4 hectáreas de propiedad municipal de la próxima donación y al resto de la superficie exigida, otras 4 hectáreas todavía en manos de propietarios particulares, por las que el Gobierno de Aragón pagará 1,8 millones de euros. Cantidad, cabe señalar, que nunca hubiera llegado a la ciudad para atender las necesidades sociales de barrios como el del Perpetuo Socorro, por ejemplo. El Ayuntamiento, de este modo, privatiza un patrimonio de todos los ciudadanos entregándolo en silencio a Defensa y sin contraprestaciones de ninguna índole.

Las escasas y oscuras explicaciones oficiales ofrecidas para justificar el oneroso donativo solo refieren “exigencias del ministerio” con el fin de trasladar desde Madrid y reubicar en la ciudad el Cuartel General de la División Castillejos, pero ¿por qué se desmantela esa instalación en su actual emplazamiento y se traslada a Huesca? ¿Qué razones objetivas pueden impulsar semejante movimiento de tropas, pertrechos y dependencias? A poco que se escarbe en la superficie de la información se advierten intereses especulativos por parte del Ministerio de Defensa, que ha encontrado en nuestra ciudad el mejor y más acrítico aliado para materializar sus propósitos y cumplir con los dictámenes del Ministerio de Hacienda, que le exige obtener parte de sus recursos merced a la venta de terrenos que se destinan a viviendas, fundamentalmente de promoción privada.

Tras el cierre del cuartel Sancho Ramírez y el realojo de sus dependencias en Zaragoza, el ministerio, a través de la Subdirección Técnica y de Enajenación del Instituto de la Vivienda Infraestructura y Equipamiento de la Defensa (INVIED), incomprensiblemente puesto que no era de su propiedad, puso a la venta el recién clausurado cuartel y las 10 hectáreas en las que se asienta. ¿Cómo pudo el Ayuntamiento permanecer en silencio ante semejante intento de enajenación de un suelo de titularidad municipal?

Es en este punto cuando Defensa, inmersa en Madrid en proyectos de venta de terrenos como la operación Retamares-Campamento, toma la decisión de trasladar a Huesca el señalado cuartel general, lo que contribuirá a liberar una superficie de 1,5 millones de metros cuadrados, de los cuales 1,3 millones serán edificables, propiciando la construcción de más de 11.000 viviendas de renta libre y protegidas. El monto de la maniobra de colocar el suelo en el mercado se cifra en 250 millones de euros que ingresará el Ministerio de Defensa. Así las cosas, la operación de venta del Sancho Ramírez queda paralizada y se anuncia a bombo y platillo la reapertura del cuartel y el traslado a Huesca del Castillejos. Eso sí, este aparente y celebrado regalo del ejército implica la exigencia de propiedad del suelo que, en el futuro, podrá engordar los insaciables bolsillos ministeriales.

Que no reclamen para sí la medalla de sufrimientos por la patria ni la exalcaldesa Ana Alós ni el actual regidor Luis Felipe, la instalación en Huesca del Cuartel General de la División Castillejos obedece a una operación especulativa propiciada por el Gobierno a través del Ministerio de Defensa. El Ayuntamiento de Huesca no pintó nada ante el cierre del Sancho Ramírez en su día, ni en la futura apertura de la nueva instalación; el papel de la ciudad es el del convidado de piedra que paga todas las rondas sin rechistar y con el gesto de gratitud de un primo. Lo que el ministerio nos ha traído es un trágala sin paliativos. El aplomo inmobiliario de María Dolores de Cospedal sí merece una laureada, pensionada, naturalmente.

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