Las visitas guiadas a las fortificaciones de la Guerra Civil están todas completas

La Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Monzón informaba que se habían programado otras cuatro visitas guiadas y gratuitas a las fortificaciones de la guerra civil en Selgua ante la gran demanda de solicitudes y el interés que ha despertado la ruta. Estas nuevas citas también se han llenado, así que no hay plazas para libres a no ser que haya alguna baja, según informaba su titular, Adelardo Sanchis.

Hasta la fecha, la programación era la siguiente: 28 de enero, 18 de febrero y 4 de marzo, a las 11.30 h. Dado que las plazas están cubiertas (la primera visita reunió a más de cincuenta personas), la Concejalía ofrece cuatro citas más: los días 18 y 25 de marzo, en doble horario: a las 10.00h y a las 12.00h. Con ellas concluye el programa que ha sido todo un éxito.

La Concejalía de Turismo indica que también cabe la visita por libre a cualquier hora, pues la ruta está perfectamente señalizada y los paneles informativos son lo suficientemente ilustrativos. Además, en el SAC y el castillo se facilitan planos del recorrido.

Los dos lugares de visita se localizan en el barranco de La Clamor, 500 metros más allá de Selgua por la carretera que sube a Berbegal, y a los pies del cerro de la ermita de San Salvador.

TRÍPTICO

INTRODUCCIÓN

La Línea del Cinca fue la principal obra defensiva que construyó el bando republicano en Aragón durante la Guerra Civil española (1936-1939), consistente en una fuerte línea de resistencia dotada de grandes fortificaciones y trincheras situadas en los márgenes del río Cinca. La línea se extendía desde las inmediaciones del Pirineo hasta Gandesa, iniciándose sus obras a finales de agosto de 1936. En enero de 1937 se encontraban construidos más de 7 kilómetros de trincheras; 13 kilómetros de caminos cubiertos; centenares de nidos de ametralladoras acompañados con los correspondientes refugios para tropas y diversos asentamientos artilleros. El sector de Monzón fue uno de los puntos fuertes de la línea, compuesto por las posiciones de Selgua, Monzón y Castejón del Puente; donde se construyeron solo en este sector 66 emplazamientos para ametralladoras, atrincheramientos para 4.000 soldados y tres emplazamientos artilleros. Sin embargo, esta línea fortificada apenas fue un obstáculo ante el rápido avance del ejército nacional en su ofensiva por Aragón en marzo de 1938, siendo destruidas buena parte de estas fortificaciones por sus propios defensores.

CASTILLO DE MONZÓN- CAÑONERASDebido a su posición privilegiada y dentro de esta línea de fortificaciones, en el monte del Castillo de Monzón y aprovechando un asentamiento artillero ya existente de la Guerra de la Independencia, se emplazaron cuatro piezas de artillería de 105 mm. Dos de las piezas se instalaron con frente Sur para cruzar fuegos con la batería de artillería de Binaced; mientras que las otras dos lo hicieron con frente Norte para cruzar sus fuegos con la batería de artillería de Fonz. Por otro lado, en el castillo también se llegó a instalar un cañón automático antiaéreo de 20 mm para hacer frente a los bombardeos aéreos que sufrió la ciudad de Monzón durante la guerra.

BARRANCO DE LA CLAMOR

Trinchera

Las trincheras eran unos de los elementos más comunes dentro de las fortificaciones de la Línea del Cinca. Una trinchera no dejaba de ser una zanja abierta en el terreno que tenía como objetivo proteger del fuego enemigo a las fuerzas propias. La trinchera situada a la derecha de la carretera de Selgua a Berbegal contaba con numerosos refugios de diferentes tamaños para los soldados así como polvorines que servían de resguardo para el material. Igualmente, en la misma trinchera se encontraban en las entradas de cada refugio unos grandes bloques de hormigón que servían de protección para sus ocupantes en caso de ataque artillero.

Polvorines y refugios

En el sector de las fortificaciones de la carretera A-1223 en Selgua existieron un sinfín de refugios y abrigos subterráneos para el personal, con el objetivo de albergar un total de 700 soldados. Estos refugios tenían diferentes tamaños y estaban conectados la mayoría de ellos a través de trincheras. Por otro lado, también existieron otro tipo de construcciones defensivas como eran los polvorines;unas construcciones subterráneas con un blindaje y condiciones de permeabilidad superiores a los refugios donde en su interior se alojaba armamento, sobretodo explosivo, para poder abastecer a la zona defendida.

Nidos de ametralladoras a la izquierda y a la derecha de la carretera

Las fortificaciones de Selgua estaban divididas entre las de la carretera A-1223 y la Ermita de San Salvador. Las fortificaciones de la carretera estaban destinadas a cerrar el paso por la carretera de Huesca, extendiéndose hasta el río Cinca. Comprendía diferentes atrincheramientos y emplazamientos para 16 ametralladoras, siendo los más importantes de este sector dos nidos de ametralladoras dobles situados a cada lado de la carretera con el objetivo de batirla ante cualquier avance de las tropas nacionales. Cada uno de ellos contaba con su respectivo refugio para sus ocupantes y con una extensa trinchera que también servía de evacuación.

Nido de ametralladora

Los nidos de ametralladoras eran unas construcciones que protegían a los sirvientes de una ametralladora o fusil ametrallador. Estos podían ser de diferente tipo según su disposición y los materiales de construcción utilizados, encontrándose nidos de ametralladora realizados de mampostería, ladrillos, cemento, metálico o de hormigón armado, así como otros más simples realizados a cielo abierto (a barbeta), semi enterrados y con sacos terreros. Todos los tipos de nidos de ametralladora tenían en común que disponían al menos de una aspillera, una apertura a través de la cual se podía disparar desde el interior del nido.

CERRO Y ERMITA DE SAN SALVADOR

Nido de ametralladora

En el sector de la Ermita de San Salvador se construyeron un total de diez nidos para ametralladoras teniendo como objetivo batir los diferentes caminos y sendas que venían de Barbastro, además de poder cruzar fuegos con las fortificaciones de las Lomas de Monzón, en Castejón el Puente. Los asentamientos de estos nidos de ametralladoras representaban el esqueleto de cualquier posición defensiva siendo estos los elementos principales. De hecho, la ametralladora era un arma muy efectiva que funcionaba por ráfagas rápidas a distancias pequeñas y medianas, equivalente a la utilización de 100 fusiles manejados por el mismo número de soldados.

Refugio

En el sector de las fortificaciones de la Ermita de San Salvador existió un buen número de refugios para la tropa. La gran mayoría de ellos estaban excavados en la roca, algunos incluso con cubierta reforzada, que permitía alojar a la tropa durante los ataques aéreos o artilleros, siendo estos de diferentes formas y profundidades. Estos refugios sirvieron también de abrigo para los soldados ante las inclemencias del tiempo así como simples lugares de descanso temporal. En total en este sector existieron refugios para albergar un total de 800 hombres, lo que hace una idea del gran número de refugios existentes en este sector.

Trinchera

La loma situada debajo de la Ermita de San Salvador se fortificó con varios elementos donde destacaba una extensa trinchera que comunicaba con un nido de ametralladoras, contando además con dos refugios excavados en la roca comunicados entre sí. Cerca de estas posiciones se encontraba un aljibe, cortado en la roca que servía para recoger el agua de la lluvia y poder así abastecer a los soldados que guarnecían estas posiciones defensivas. La vida de los soldados en las trincheras fue muy dura debido a las condiciones que debieron de soportar, a las que además de los ataques del enemigo, se añadían las inclemencias del tiempo como el frío, la lluvia o el barro, entre otros.

Grabado en la Ermita

Las obras de la Línea del Cinca iniciadas a finales de agosto de 1936 estaban dirigidas en un primer momento por una comisión nombrada por el mismo gobierno de la Generalitat de Cataluña, participando en los trabajos de fortificación trabajadores de los mismos pueblos, destinándose además a las fortificaciones de Monzón 300 hombres procedentes del Sindicato de la Construcción de Barcelona. Por otra parte y como vestigios de esta época, en el interior de la Ermita, aun se conservan algunas huellas del conflicto, como son los relieves en una de sus paredes de varios fusiles y cuchillos utilizados por los soldados que ocuparon estas fortificaciones.

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