Albania, el país de las águilas en bicicleta

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El pasado mes de octubre, cuatro cicloturistas oscenses y uno argentino, todos afincados en la provincia de Huesca, realizamos una ruta en bicicleta de 8 días por Albania.

Tras las últimas expediciones ciclistas por Marruecos, Rumanía, Chipre, Cerdeña, Georgia y el pasado año en Portugal, fijamos nuestro objetivo en Shquiperia o Albania, el país de las águilas, animal reflejado de manera llamativa en su bandera.

Albania tiene una historia reciente durísima, fruto de un régimen comunista de 40 años, perpetrado por el dictador Enver Hoxha, auténtico paranoico que sembró de búnkeres todo el país esperando una invasión que nunca se produjo. Promulgó el ateísmo persiguiendo toda actividad religiosa y creó la Sigurimi, cuerpo de vigilancia que perseguía y eliminaba a todas aquellas personas disidentes.

Aunque su nombre nos puede parecer lejano, el hecho es que Tirana se encuentra a escasas dos horas y media en avión si volamos desde Barcelona. Esa suele ser la primera variable cuando elegimos destino: la rapidez y la inexistencia de incómodos transbordos, especialmente penosos cuando se vuela con las bicicletas desde España, aunque esta vez no era el caso, ya que habíamos decidido alquilarlas en una agencia local.

All día siguiente de aterrizar en Tirana comenzamos la ruta, no sin antes ser convenientemente asesorados por Armand, el responsable de la agencia de bicicletas. Estaríamos los primeros días en zona montañosa, para terminar en la costa del Jónico, frente a la isla de Corfú, e ir subiendo por ella en dirección a Vlorë.

Y con ese propósito, emprendimos la marcha hacia Elbasan en la primera jornada, en cuyas inmediaciones pernoctamos. Pudimos contemplar, desde las alturas de un puerto de montaña, el imponente “Acero del Pueblo”, inmenso complejo metalúrgico a la entrada de la ciudad y verdadera obra de arquitectura industrial creada en la época comunista.

Ya en el segundo y tercer día, las piernas nos llevaron a cruzar la frontera y poner otra muesca en nuestra lista de países visitados. Recorrimos durante dos jornadas el Parque Nacional Galicica, en la República de Macedonia del Norte, rodeando los lagos Ohrid (que Macedonia comparte con Albania) y Prespa (dividido entre macedonios, albaneses y griegos). Con la noche pisándonos los talones, llegamos a Korcë, donde nos las vemos de todos los colores para sustituir una cubierta de bicicleta que había sido dañada. Se trata de una ciudad no muy grande (más o menos como Huesca) y bastante animada, con una extraordinaria catedral ortodoxa y unas plazas y callejuelas muy pintorescas.

De allí salimos hacia un curioso lugar rodeado de montañas que nos había recomendado el guía para alojarnos, seguramente con algún interés económico. Un rincón paradisíaco: Farma Sotira, granja con cabañas en la que, a falta de calefacción, tuvimos que quitarnos el frío con fuegos. Toda esa jornada habíamos rodado en paralelo a la frontera con Grecia, en una zona muy poco poblada y con continuos sube y baja.

En el quinto día, con una lluvia incesante y tras un descenso de más de mil metros, llegamos totalmente congelados a Permet.

Aunque rodamos casi siempre juntos, en ocasiones nos gusta disfrutar también de los parajes en soledad y uno u otro se adelanta o se retrasa a discreción, buscando ese relajo que a veces da el rodar sólo. Fue el caso de esta jornada, en la cual cada uno hizo la guerra por su cuenta, buscando sólo llegar al alojamiento y darse una buena ducha de agua caliente. Fueron sólo 66 kilómetros, pero para la mayor parte de nosotros fueron los peores. Eso sí, la ruta era absolutamente espectacular, pero el agua y el frío nos impidió degustarla como merecía.

Esa noche, uno de nosotros se vio afectado por una gastroenteritis bastante severa. No es la primera vez que nos pasa, ya que en uno de los viajes a Marruecos ya nos afectó más o menos a todos. Esta vez la causa parece estar en el pescado de la cena de la noche anterior. Aun así, el afectado le echó arrestos y continuó en bici, aunque los siguientes días fueron complicados para él.

De Permet seguimos a Gjirokastër o Gjirokastra, una preciosa ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y lugar de parada obligatorio para todo aquel que diseñe un recorrido por este país. Una recomendación es perderse –literalmente- por sus estrechas y empinadas calles, y visitar su castillo o “kalaja” (en albanés). Originarios de aquí son dos figuras muy importantes en la historia de Albania por diferentes motivos: el escritor Ismael Kadare (uno de los más importantes del país) y el dictador Enver Hoxha.

De Gjirokastra seguimos por un amplio valle en dirección a la costa –al fin escapamos de las montañas- para dormir en un hotelito a la misma entrada del Parque Nacional de Butrinto, frente a la isla helena de Corfú. Butrinto es también Patrimonio de la Humanidad por su importantísimo yacimiento arqueológico más o menos bien conservado, y que, bien por las fechas o bien porque el turismo de masas todavía no ha llegado a este país, podemos recorrer prácticamente en soledad. Es difícil contar nada sobre este lugar en tan pocas líneas, porque el sitio daría para una enciclopedia entera, sólo para narrar la cantidad de civilizaciones que pasaron por aquí.

Tras esa visita, iniciamos nuestro octavo y último día de bicicleta. La idea es seguir la línea costera hacia el norte para dormir lo más cerca posible de Vlore, donde al día siguiente nos vendrán a buscar para llevarnos de vuelta a Tirana.

La costa del Jónico es sencillamente preciosa incluso en un día de lluvia como el que tenemos; escarpada en algunos tramos y con pequeñas playas que van salpicando el paisaje. La ruta es un trazado de multitud de toboganes o casi puertos que nos terminan por machacar las piernas. En el final de la jornada, podemos atisbar desde lo alto un increíble refugio para submarinos abandonado en la zona de Porto Palermo. Llegamos a Himare, casi de noche porque habíamos salido tarde tras la visita a Butrinto, y todavía nos da para celebrar el final de la expedición con un baño en el mar.

Así damos por concluida la ruta, dedicando el día siguiente a visitar la capital, su museo de historia, sus búnkeres, la enorme plaza dedicada a su héroe nacional Skanderbeg y contemplar cómo cada vez la forma de vida occidental se va imponiendo en las ciudades, siendo ya complicado encontrar la esencia de cada sitio.

Tirana es, hoy en día, una ciudad con una gran vida bulliciosa en la calle, con centros comerciales, con pubs donde puedes escuchar desde Morrisey hasta Julio Iglesias, con unas gentes amables y cercanas y con una alocada y caótica circulación. Eso sí, el resto del país tiene mucho recorrido por hacer, pero con un gran potencial turístico por explotar. Nos despedimos de él con el deseo de que definitivamente, sus habitantes puedan alcanzar la ansiada y deseada prosperidad.