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Graus acogió la fiesta de los mártires diocesanos

Graus. Fiesta mártires claretianos
La celebración se llevó a cabo en la iglesia de San Miguel

Tras las celebraciones en la iglesia de los Claretianos de Barbastro en 2019 y en la concatedral de Monzón en 2020, la celebración diocesana por los mártires del siglo XX llegó este año a Graus. Fieles de esta unidad pastoral, y de otros puntos de la diócesis, participaron en la solemne eucaristía, presidida por el vicario general, Ángel Noguero, y concelebrada por una decena de presbíteros.

«La Ribagorza puede considerase una tierra de mártires muy cualificada», afirmó el sacerdote Antonio Plaza en la homilía, recordando que en el siglo XX ha habido más mártires que en la primitiva Iglesia. Esta villa ribagorzana es la localidad en la que fueron asesinados más sacerdotes durante la Guerra Civil, un total de 41, además de un seminarista de Secastilla de 23 años y un laico de 20 años. «Estos hombres, sencillamente, declararon que eran cristianos, siguieron el evangelio. Tenían un secreto: seguir los pasos de Jesús», añadió. «Su martirio es un regalo; estos hombres convirtieron nuestra tierra en un lugar sagrado; son nuestros valedores y nosotros somos herederos de su labor», concluyó antes de dar lectura a las últimas frases que algunos de estos mártires pronunciaron.

Las ofrendas de simbólicas palmas, una corona de laurel y la reliquia del beato Florentino, así como la interpretación del Himno de los Mártires, marcaron esta acción de gracias. En la actualidad, están beatificados 81 mártires diocesanos. En febrero de 2020 se presentó ante la Congregación para las Causas de los Santos la Causa de Beatificación de 250 mártires diocesanos: 211 sacerdotes, 5 seminaristas y 34 laicos.

Memoria de 2.053 mártires de la persecución religiosa del S. XX en España

El 6 noviembre la Iglesia celebra, con rango de memoria obligatoria, a los 2.053 mártires (12 santos y 2.041 beatos) de la persecución religiosa del siglo XX en España que están ya en los altares. San Pedro Poveda, presbítero diocesano y fundador de la Institución Teresiana, y san Inocencio de la Inmaculada, religioso pasionista, encabezan la multitud de santos y beatos, obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, que dieron a Cristo el testimonio supremo del amor, martirizados entre 1931 y 1939.