IGLESIA 

La Diócesis de Barbastro-Monzón celebrará misas en Semana Santa pero no procesiones

El miércoles de ceniza iniciaba la Cuaresma en la Diócesis de Barbastro-Monzón

Miércoles de ceniza.
El Obispo Ángel Pérez presidía en la Catedral de Barbastro la celebración del miércoles de ceniza.

El obispo Ángel Pérez ha firmado el decreto de suspender todos los actos y celebraciones organizados por parroquias, hermandades y cofradías, asociaciones u otros grupos de fieles que tengan carácter de culto externo y en general, todos en los que se haga uso de la vía pública en toda la Diócesis. La decisión está en sintonía con todas las diócesis aragonesas teniendo en cuenta las circunstancias excepcionales creadas por la pandemia de la covid-19, la alta incidencia de contagios y de enfermedad, según las previsiones para los meses próximos, tras las consultas a las autoridades civiles y sanitarias y una vez "oídos los órganos diocesanos competentes".

En este tiempo, se celebrarán los cultos internos, eucaristías y actos de piedad teniendo en cuenta las medidas sanitarias y la normativa vigente ya que "la Semana Santa no queda suprimida" y el prelado exhorta a "vivir con profundidad" las celebraciones litúrgicas, en especial las de Triduo Pascual.

El miércoles de ceniza iniciaba la Cuaresma en la Diócesis de Barbastro-Monzón

El Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez, presidía en la Catedral de Barbastro la ceremonia religiosa de la imposición de la ceniza, respetando aforo y medidas de sanidad. En el acto participaban los representantes de las cofradías penitenciales.

La frase “Polvo eres y en polvo te convertirás”, que se pronuncia al depositar la ceniza sobre la cabeza de los fieles, ha ido cambiando a favor de “Convertíos y creed en el Evangelio”. Este gesto tiene varios significados: la ceniza evoca la destrucción por el fuego o por la descomposición, la muerte. Evoca también el pecado, con la necesidad de misericordia y perdón. Y recuerda finalmente el fuego que quema y purifica, permitiendo que, después, crezca semilla nueva. De ahí la invitación a andar por otro camino y creer en el Evangelio.

Para que, al final de la Cuaresma llegue la resurrección, los cristianos deben ir muriendo a cosas que no les dejan vivir. Para ello se servirán del ayuno, la oración y la limosna. El ayuno como dominio sobre las cosas; la oración, como esfuerzo de llevar la vida a Dios y Dios a la vida; y finalmente, la limosna, como forma de descubrir el sentido del compartir.

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