opinión

La ganadería protege los pueblos de los incendios forestales

José Ignacio Fábregas Reigosa.
Ingeniero de Montes.
Técnico de GAM.

Tras la grave crisis que ha sufrido Grecia en relación a los incendios, nos ha refrescado la situación de riesgo que ya teníamos, debemos reconsiderar profundamente la situación en la que se encuentran muchos de nuestros pueblos pirenaicos. Históricamente la importante cabaña ganadera extensiva, con abundante presencia de cabras, que pastaba entorno a los pueblos y el aprovechamiento de las leñas garantizaba el mantenimiento del entorno de los mismos con una baja carga de combustibles y una adecuada discontinuidad. Con la terciarización de la economía de nuestros valles y la reducción de los rebaños de ganado lanar y cabrío ha cambiado profundamente esta situación en muchos de nuestros pueblos (Panticosa, Canfranc, Torla, Benasque, etc) y cada año nos encontramos con unas situaciones de riesgo potencial más altas, unas auténticas bombas de relojería.

Con el boom turístico las áreas de interfaz entre las zonas urbanizadas y el monte se han visto incrementadas en longitud y peligrosidad al ubicarse nuevos asentamientos e infraestructuras más próximos a los montes o incluso dentro de los mismos. Para estas nuevas ocupaciones de mayor riesgo urge considerar la situación y tomar importantes medidas para su corrección. Las actuaciones van desde la apertura de bandas de protección, los cortafuegos, el adehesamiento de los bosques, el riego del entorno, etc. También se debe atender la necesidad de disponer de medios de extinción y unas infraestructuras adecuadas para la evacuación o incluso del confinamiento de las personas cuando suceda este percance. Todo ello debe quedar recogido en un necesario plan de Autoprotección que debe velar cada año, antes del periodo crítico de peligro frente a incendios, del adecuado estado de estas defensas y del operativo.

Desde la asociación de Ganaderos de Alta Montaña, GAM, queremos reinvindicar la importante labor que han venido desarrollando y podrían desarrollar los ganados para la protección de los núcleos de población y demás infraestructuras para hacerlas “piroresistentes”. El ganado es la maquinaría más económica, precisa y medioambientalmente más adecuada para el mantenimiento de estas necesarias franjas de protección frente a incendios que precisan las áreas urbanizadas del medio rural.

Por ello desde GAM se pide a las corporaciones locales que velen para que en el entorno de los núcleos y otras infraestructuras del municipio se mantengan los terrenos con bajas cargas de combustible y con la necesaria discontinuidad vertical y horizontal de los combustibles, y que para ello pueden contar con la ayuda del ganado. Según la situación esta distancia recomendable con baja carga puede ir de los 50 hasta los 200 metros del perímetro exterior de las zonas urbanizadas.

También se pide, que siendo conscientes de la importancia de la ganadería para este cometido y muchos otros, que por favor la sociedad en general y las instituciones atiendan en profundidad todas sus necesidades y se vuelquen en el mantenimiento a largo plazo de la ganadería extensiva. Los ganaderos están en condiciones de cubrir los importantes déficits de protección frente a incendios que existen en muchos de los pueblos, mejorar sus entornos y ampliar esta protección al resto del territorio. Pero para que esta ganadería extensiva tenga futuro necesita nuevas incorporaciones (se debe facilitar al máximo desde la administración), que se pongan en valor sus productos (se apoye su transformación en el territorio, se incentive su consumo y se abone un precio justo), se mejoren sus infraestructuras en el monte tanto para el acceso a los pastos como para su manejo, se realicen importantes inversiones iniciales en la mejora de estos entornos que posteriormente serán mantenidos por el ganado y que por estos servicios se compense económicamente al ganadero, etc. No pueden existir los pueblos de montaña sin ganados y esa necesidad debe ser compensada y reconocida por la sociedad.

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