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La historia de Dolores Moreno: Sofía

El pasado 23 de septiembre falleció Dolores Moreno, conocida por muchos oscenses tras años viviendo en la calle y doce tutelada por Salud Mental

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El fotógrafo Álvaro Calvo retrató a Sofía en 2014, una icónica imagen que ha querido compartir para recordarla

Este fin de semana, tras conocer su muerte, muchos oscenses se sintieron impulsados a escribir y recordar a Dolores Moreno. Ella se hacía llamar Sofía, todos en Huesca la conocían como Sofía y decía que era de la Familia Real. Tenía una enfermedad mental. Se ganó el cariño de muchas personas que, desde hace más de 15 años, la conocían porque transitaba las calles de Huesca y hablaba con todo aquel que le preguntaba. En esas conversaciones contaba su historia. A algunos les decía que era hermana del rey, que era princesa, que había trabajado en un circo… Siempre con sus mejores galas y los labios pintados de rojo.

Carmen Lagraba y Carmelo Pelegrín cuentan cómo conocieron la historia de Dolores Moreno

Su historia es trágica y la conoce Carmen Lagraba, trabajadora social de la Unidad de Larga Estancia del Centro de rehabilitación Psicosocial Santo Cristo de los Milagros. Dolores Moreno escapó hace más de 30 años de su casa en Granada. Además de ser víctima de una grave enfermedad mental, también, en su momento, fue víctima de malos tratos, "lo que la llevó a tener que dejar su casa para salvar la vida y dejar atrás a sus hijos y su familia". Sus hijos crecieron pensando que su madre había fallecido, es el mensaje que les transmitieron, explica Carmen Lagraba, que ha estado en contacto con uno de sus ellos en los últimos meses.

Su hijo ha querido
enviar un mensaje
de agradecimiento a todos los oscenses e instituciones que la trataron con cariño
y atendieron

Sofía llevaba 12 años tutelada por el Gobierno de Aragón pero no fue hasta el pasado mes de abril cuando conocieron estos datos. "En pleno confinamiento llegó una policía al centro a decirnos que un hombre que decía ser su hijo la estaba buscando". Llevaba años buscándola. Tras ello hubo una "primera y única llamada de teléfono en la que Dolores le reconoció" y sintió que tenía una familia y la echaban de menos. En ese momento "sintió mucha alegría y así nos lo hizo saber a todos (…). Lo gritó por todo el centro contentísima", explica Carmen. El reencuentro físico o por una videollamada no llegó a materializarse porque los profesionales médicos del centro no lo recomendaban, explica Carmen. La mente de Dolores había creado una historia que ya no encajaba con la realidad y pronto volvió a tener una actitud de negación. "Su hijo lo entendió perfectamente y todos estos meses hemos estado en contacto telefónico y ha respetado escrupulosamente todas las indicaciones que le íbamos dando (…). Él no ha podido hacer realidad el encuentro presencial porque la enfermedad de ella no lo recomendaba, pero sí quiere que todo el mundo sepa que Dolores, además de la gran familia que ha tenido en Huesca, tenía una familia en Granada, con unos hijos y unos nietos, y que siempre la ha recordado, querido, y nunca tuvo un sentimiento negativo hacia ella. Sabe perfectamente por lo que pasó y que además de ello tenía una enfermedad, y sabe que Dolores era como una niña, que era una princesa". 

Dolores Moreno tenía un delirio genealógico. El jefe de Salud Mental del Sector sanitario de Huesca, Carmelo Pelegrín, conoce su caso desde su llegada a Huesca. Había estado muchos años viviendo en la calle y así vivió también en Huesca, pero asociaciones como Arcadia y Cruz Blanca la atendieron y desde el 2008 está tutelada por el Gobierno de Aragón, en la Unidad de Larga Estancia del Santo Cristo de los Milagros, de donde podía salir cuando quería, explican. De los 15 años previos a Huesca, nadie sabe nada, sólo ella. 

“Dolores es un paradigma. Tenía un delirio genealógico, consideraba que pertenecía a la familia real y eso le cambió completamente su vida. Ya no podía ser madre. Abandonó a una edad temprana a sus hijos y eso fue dramático. Comenzó una fuga psicótica hasta que al final llegó a Huesca. Las fugas psicóticas se hacen generalmente porque se tiene miedo de que alguien te pueda hacer daño. En esas circunstancias no suelen estar a gusto en ningún sitio y lo lógico es que Dolores se hubiera ido a otra ciudad, pero Dolores que se quedó en Huesca”, explica Carmelo Pelegrín, que habla del ambiente más propicio que da una ciudad pequeña para acoger a personas con esta enfermedad. “La enfermedad mental no es tener delirio solamente, es tener discapacidad para hacer una vida normal, en el trabajo… y muchos de ellos viven con una pensión contributiva de 380 euros. Necesitamos que esos pacientes sean comprendidos y atendidos”, explica el responsable de los dispositivos de salud mental de la provincia, que desea que “ojala el caso de Dolores sirva para desestigmatizar la enfermedad mental. “Dolores ha vivido entre nosotros con sus delirios pero su afectividad era tan grande que ha sido muy querida por todos. Eso debe ser un ejemplo de que todos tenemos nuestras limitaciones y ellos más, porque están enfermos.”

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Su hijo, tras leer los mensajes que muchos oscenses han plasmado en las redes sociales, ha querido hacer llegar a Carmen Lagraba una fotografía de Dolores cuando era joven y un mensaje de agradecimiento a todos los oscenses e instituciones que la trataron con cariño y atendieron.