La importancia de conservar los nidos de golondrinas o vencejos, aunque estén vacíos

El Alto Gállego edita un tríptico para poner en valor estas aves y concienciar sobre la conservación de sus nidos

El consejero del Política Lingüística del Alto Gállego, Francisco Campillo, muestra el tríptico elaborado
El consejero del Política Lingüística del Alto Gállego, Francisco Campillo, muestra el tríptico elaborado

El Área de Política Lingüística de la Comarca Alto Gállego, en colaboración con la ONG SEO Birdlife, ha editado un tríptico para informar y concienciar a la población de la comarca de la necesidad de conservar los nidos de golondrinas, aviones y vencejos que, a menudo, son retirados de los aleros y cubiertas de las casas en los que anidan.

Las tres especies, conocidas en aragonés como bolandrinas, codalbez y falzetas, aportan numerosos beneficios para el bienestar y la salud de las personas y las viviendas, ya que son eficientes insecticidas naturales. Su dieta se compone, básicamente, de insectos, lo que contribuye a que, especialmente en época estival, las casas y calles estén más limpias y sea menos molesto mantener las ventanas de las casas abiertas para mitigar el calor.

Además de estas razones, Francisco Campillo, consejero comarcal de Política Lingüística, explica que “estas especies, como la mayoría de los pájaros están protegidas por la Ley desde hace decenios, pudiendo acarrear la destrucción o el daño de sus nidos, aunque estén vacíos, de multas de entre 5.001 y 20.000 euros, por lo que es conveniente recordar que no se pueden tocar, aunque críen en áreas urbanas”.

El tríptico, que se repartirá en ámbitos educativos, se ha editado en aragonés y castellano, ya que se trata de una iniciativa de la citada Área de Política Lingüística de la Comarca del Alto Gállego, contribuye a fomentar y normalizar el uso de la lengua autóctona de la comarca. También promociona tanto los buenos usos medioambientales como los culturales, y ayuda a respetar la fauna local y su hábitat. El folleto ha sido redactado por Almudena Sánchez Moreno y traducido al aragonés por Manuel Campo Novilla.