opinión 

Los caminos son patrimonio 

Enrique Salamero Pelay
José Antonio Chuchi

No es la primera vez que salimos en defensa del formidable Camino de las Escaleretas situado en el cañón del río Vero. Al igual que aquella primera vez estamos asustados por el proyecto de “acondicionamiento” que de él se pretende de nuevo. Y no solo es un error, es también una irresponsabilidad. Y lo es no solo porque pretende resolver un problema inexistente (son muchos cientos de personas las que, desde hace años, ya han pasado por aquí sin contratiempo alguno) sino porque se añade a la inacabable suma de masificación de lugares que azota esta provincia. Pero además supone una falta de respeto a la memoria de nuestro patrimonio, aquel que crearon las antiguas generaciones que no solo supieron encontrar esta intrincada senda sino que resolvieron su itinerario con una gran economía de medios y saber hacer.

En nuestro días proliferan los “reequipamientos” que “acondicionan” el paso de cierto turismo por estos y otros lugares. Habrá tristemente que insistir una y otra vez que a estos sitios hay que acudir con preparación y saber hacer, que con frecuencia bastan prudencia y sentido común para hacer (o no hacer) lo que pretendemos. Rebajar el medio natural a la altura de quien repetidamente ignora tanto su pasado como lo que le es propio, no contribuye precisamente a valorarlo. No se debe disfrutar de la naturaleza (algo sobre lo que ninguna publicidad deja de subrayar) a costa de ignorarla.

Al Camino de las Escaleretas no le hace ninguna falta añadirle los peldaños, grapas y cables que ya invaden su entorno próximo. No le hicieron falta a aquel paisano que Pierre Minvielle vió atónito en el año 1966, ni al famoso arqueólogo Antonio Beltrán cuando por aquí pasó en 1969 encontrando pinturas rupestres, ni a todas las personas que lo han transitado desde que lo divulgamos por primera vez en 1996. ¿Qué pensarían todos ellos de las pretensiones actuales? ¿Pero qué estamos haciendo?

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