sociedad

Pepe Lera y el grupo Val d’Echo se llevan el cariño del valle y más de 80 músicos

Este fin de semana numeroso público asistió al homenaje en el 40 aniversario del grupo Val d’Echo

Pepe Lera, autor de S’ha feito de nuey en el emotivo homenaje que realizaba el Valle a su persona y al grupo Val d'Echo
Pepe Lera, autor de S’ha feito de nuey en el emotivo homenaje que realizaba el Valle a su persona y al grupo Val d'Echo

Cuarenta años difundiendo el folklore del Valle de Echo, y este gran legado tuvo su reconocimiento el sábado en su pueblo. El Valle en pleno y muchos vecinos de la comarca se volcaron con el grupo Val d’Echo que, desde 1980 y de la mano de José Lera, ha aglutinado en una gran familia a vecinos de todas las edades. Muchas otras fueron las razones para este homenaje: haber recuperado las cantas, la ronda y la jota tradicionales y ampliado repertorio con hasta 50 temas y 4 danzas más. Haber paseado el traje de gorguera y de calzón por escenarios y plazas de todo Aragón. Haber compuesto temas contando la vida de antes y la de hoy con nuevas letras o musicando poemas de escritores locales. Haber ensalzado la fabla chesa, variante local del aragonés que ha quedado a buen recaudo en sus canciones. Y, además, haber creado la canta S’ha feito de nuey. Este mérito se le debe agradecer a una persona en concreto, a José Lera, que además ha sido el director y principal impulsor de todo este trabajo durante estas décadas. S’ha feito de nuey, quizá una de las canciones más conocidas y más cantadas en Aragón, fue escrita en cheso y compuesta por Lera, cosa que no todos los aragoneses saben aunque la hayan cantado muchas veces.

Homenaje al grupo Val d'Echo
Homenaje al grupo Val d'Echo
Homenaje al grupo Val d'Echo

Por eso esta jornada era también reivindicativa. El S’ha feito de nuey es cheso y tiene un autor: Pepe Lera. Y para que quede constancia a todos los que visiten el pueblo, una placa cerámica con su letra y autoría permanecerá para siempre en la fachada del local donde el grupo tiene su sede. Esta fue una de las primeras sorpresas de la tarde.

Tras la presentación del acto y los discursos de Elena López, concejala de Cultura del Ayuntamiento y de José Ignacio Pérez Susín, Director General de Política Lingüística del Gobierno de Aragón que, junto con la Comarca de la Jacetania, fueron los patrocinadores, unos cuantos representantes del grupo y de la familia de Lera se acercaron al local para descubrir la placa. Al regreso a sus puestos, parte del público, entre el que se habían infiltrado miembros del Orfeón Jacetano, de la coral Algarabía también de Jaca y de la Capilla de Música Sebastián Alfonso de Echo, se pusieron en pie para cantar la versión coral de S’ha feito de nuey compuesta por el maestro Busto. Con la emoción que causaron las voces corales, Pepe subió el escenario para dar un discurso en cheso y castellano recordando la trayectoria del grupo y a sus componentes.

El resto de la tarde se llenó de música y de músicos, más de 80, ansiosos de volver a los escenarios, que interpretaron 21 temas del grupo Val d’Echo. Intervinieron las rondallas de los grupos folclóricos Alto Aragón y Uruel de Jaca y Santiago de Sabiñánigo y los grupos de música tradicional Miércoles de Cecina, Os Chotos, La Orquestina del Fabirol y La Ronda de Boltaña. Emocionante para los vecinos de Echo, Siresa, Urdués y Embún escuchar las cantas que tan bien conocen acomodadas al estilo de estos músicos de tan larga y reconocida trayectoria también.

El colofón final fue para el grupo Val d’Echo. 21 músicos en escena que interpretaron, también, tres temas: La Chiqueta, S’ha feito de nuey y la Jota de Echo. ¿No debería haber sido el S’ha feito de nuey el punto final ideal? No, porque en la jota estaba incluida otra de las sorpresas de la noche: 44 bailadores de todas las décadas pasadas se fueron incorporando en un “improvisado” (pactado en secreto) baile de la jota que puso en pie a toda la plaza, que hizo que a Lera se le quebrara la voz y que todos, público y grupo Val d’Echo, aplaudieran a rabiar con una gran sonrisa y lágrimas en los ojos al acabar.

Satisfechos por el trato recibido y la emoción de volver a tocar y cantar en un momento tan especial tras estos largos meses de parón forzado, los músicos cenaron juntos y algunos de ellos aún rondaron por las plazas sin miedo a las ya frías noches pirenaicas.