EDITORIAL DE HENNEO

Una pregunta perversa

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha incluido en su último barómetro, difundido este pasado miércoles, una pregunta que cabe calificar de "pregunta trampa", por lo larga, por lo abstruso de su redacción y por la mezcla que hace de conceptos diferentes e incluso contradictorios entre sí. Es esta: "¿Cree usted que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?"

Lo primero que hay que denunciar es que el CIS mete en el mismo saco a las redes sociales y a los medios de comunicación, cuando es más que obvio que no son lo mismo ni mucho menos. Una cosa son los comentarios que cualquiera puede hacer en internet y otra muy distinta los mecanismos de control y veracidad que mantenemos los medios de comunicación profesionales.

La segunda perversión es plantear, como única defensa contra las falsedades, que todo se reduzca a la "información oficial". Eso es indigno de una democracia consolidada como la nuestra. La "información oficial" como única fuente fiable es, aparte de un imposible metafísico, un ataque directo a la libertad de expresión, de investigación periodística y de análisis de la realidad. Es, por tanto, una agresión contra uno de los pilares esenciales de la democracia, que es el pluralismo informativo. La pregunta contiene un mensaje implícito muy peligroso: la libertad de información es mala y conlleva la mentira. Así pues, solo la confianza en una única fuente oficial puede librarnos de la falsedad. De ahí a la mordaza voluntaria y a la frase "o yo o el caos", propia de todas las tiranías, no hay más que un paso.

En el Grupo Henneo estamos convencidos de que las "verdades oficiales" pueden ser ciertas o no, como todas las presuntas verdades de este mundo, pero nuestro trabajo como periodistas es contar lo que sabemos que sucede, lo que hemos comprobado y constatado que ocurre, como profesionales de la información que somos. Sea oficial o no lo sea. Es lo que hemos hecho siempre y lo que vamos a seguir haciendo.

Es evidente que hay que perseguir y denunciar las mentiras. Todo el mundo está de acuerdo en eso. Pero si el gobierno de la nación, amparado en una situación tan dramática como excepcional, pretende usar la respuesta ciudadana a esa pregunta perversa como justificación para arrogarse poderes extraordinarios que lesionen derechos esenciales de los ciudadanos, como es la libertad de prensa, se equivoca de medio a medio. Nosotros seguiremos cumpliendo con nuestro deber. No va a ser fácil callarnos. Y sería muy importante que el Gobierno se centrara en luchar con eficacia contra la pandemia y no en lanzar posibles maniobras de distracción que llevan dentro un veneno altamente tóxico.

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